martes, 22 de agosto de 2017

Tradiciones Vs. Bien Común



Conversando con mi sobrino que es un entusiasta de las fogatas en San Juan discutíamos sobre los niveles de contaminación, pues él me aseguraba que los automóviles, especialmente los micros con escapes enormes contaminaban más que una fogata hecha de maderas, esto puede ser cierto; sin embargo pienso que si bien una fogata no contamina tanto, la suma de miles de fogatas  lo hacen, sin contar que no todos sólo quemarán madera sino lo que encuentren en casa. Le ponía como ejemplo la gota en el mar, parece que sin ella o con ella el mar no cambiaría, pero con un millón de ellas sí, por esta razón si todos somos conscientes de que nuestros actos afectan a nuestro entorno y en este caso específico al medio ambiente podremos tomar una decisión responsable por cuanto la tradición no puede pesar más que el bien común de nosotros y de los que vivirán en el futuro.

Por tanto, si bien las tradiciones que tenemos en Bolivia y en toda Latinoamérica, sobre todo las que se remontan a años y años de práctica, son uno de los pilares para la formación de la identidad de los pueblos y sus culturas; las personas que somos parte de estas comunidades debemos plantearnos la pertinencia de cada costumbre, pues el contexto histórico y social y en el caso de San Juan el contexto medio ambiental no son los mismos que en el pasado por lo que se hace imprescindible tomar consciencia de cómo seguimos afectando nuestro hábitat y si vale la pena que por costumbre sigamos contaminando.

Muchos, como mi sobrino me dirán que no es comparable la contaminación que realizan diariamente las movilidades, pero también es cierto que la noche más contaminada en el año es la de San Juan; por ejemplo el año pasado los datos que presentaron las autoridades municipales del área aseguraron que la contaminación se incrementó en un 376%, la cifra es alarmante y nos debería preocupar de sobre manera, porque se sobrepasó por mucho los límites permitidos de contaminación; las autoridades también informaron que no sólo se trataron de fogatas en calles y domicilios sino también la quema de pastizales, incluso se produjo un incendio. Estos datos son suficientes para determinar que las fogatas tradicionales de estas fechas sí afectan al medio ambiente y por consiguiente a nosotros que somos los que respiramos este aire contaminado durante la noche y al día siguiente.

Entonces mi planteamiento es que todos y cada uno se ponga a pensar en las costumbres y tradiciones que practica, no sólo en estas fechas sino durante todo el año y tampoco limitarse a las tradiciones sociales sino también a las familiares y hasta las individuales, es decir a toda actividad que realizamos rutinariamente y por hábito también; pero lo más importante aún hacernos la pregunta: ¿cada una de estas costumbres aportan, enriquecen y/o mejoran algún aspecto de nuestra vida? ¿Cuánto cambiaría nuestra vida si no practicaríamos estas tradiciones? Espero que las respuestas que encontremos sean la mayoría positivas pero estoy segura que también habrá algunas negativas, personalmente  una costumbre negativa es no llevar bolsas reutilizables cuando vamos de compras y una tradición que también me parece negativa es comprar cada año un vestido nuevo para el niño Jesús en Navidad porque luego tengo como 50 vestidos con los que no sé qué hacer. Por consiguiente, es una realidad que las costumbres también son herencia familiar y por lo mismo es importante que estas sean positivas y favorezcan la convivencia en comunidad.


En conclusión, la reflexión a la que debemos llegar es que debemos estar conscientes que todo lo que hacemos como seres humanos afecta nuestro entorno y como los seres inteligentes y pensantes es nuestra responsabilidad tomar las mejores decisiones no sólo para nosotros sino para el bien de todos, sólo así conseguiremos que el paso por esta vida sea la más positivo posible y que como legado dejemos tradiciones que no afecten negativamente a los demás y al contrario  enriquezcan y aporten a mejorar nuestra ciudad, nuestro país y por tanto todo el planeta.

¿Hacemos buen uso de las nuevas tecnologías?





Esta semana me puse a pensar cuánto tiempo dedicamos al uso de las nuevas tecnologías; entonces estuve consciente de ello; en la mañana después de dejar en la escuela a mi hijo mayor navego en el celular mientras voy en micro; cuando llego a casa, si mi bebé está tranquilo, también leo algunos artículos que me interesan y claro chateo con mi esposo, estoy conectada casi todo el día, pero voy revisando novedades cuando tengo algo de tiempo, que no es mucho con mi pequeño. Sin embargo, también es cierto que usamos Internet cuando mi hijo hace sus tareas, nos sirve para buscar dibujos o algo que le interese; en el almuerzo prohibimos el uso de celulares porque nos dimos cuenta que ya no conversábamos como antes teniendo en la mesa estos aparatos.

Si nos ponemos a ver a las personas en la calle, una gran mayoría, se han acostumbrado a revisar el celular en casi todo momento por eso todos caminan con celular en la mano, si esperamos a alguien o mientras caminamos. Lamentablemente esto no es diferente dentro de nuestros hogares ya sea por trabajo o por simple curiosidad, nos estamos volviendo esclavos de la tecnología.

Por todas estas razones les propongo, reflexionar sobre el uso de la tecnología en los hogares y cómo afecta a nuestra interrelación con nuestros familiares. Lo que me di cuenta es que el uso del celular en particular, cada vez va consumiendo más el preciado  tiempo que tenemos, ahora no son sólo los adolescentes los que se quedan viendo el celular o la computadora horas y horas. Es cierto que su uso muchas veces se debe a temas profesionales, pero este fenómeno también hace que llevemos más trabajo a casa y así esto se vuelve una excusa para convertirse en una prioridad por encima de pasar tiempo de calidad en familia.

Por eso, es tiempo de dar el ejemplo a nuestros hijos o a los más jóvenes de la casa y empezar a dar prioridad a lo que realmente es importante, es decir, a cultivar y mejorar los vínculos afectivos con los seres queridos y empezar a practicar más el diálogo cara a cara, entonces, en vez de publicar en las redes sociales cuánto amamos a nuestros padres, hermanos o hijos, digámosles te amo ahora mismo, abrazándoles y compartiendo el tiempo con ellos, así les demostraremos cuán importantes son en la vida y será mucho más satisfactorio que recibir un “me gustas” de otras personas.

No obstante todo esto, no me gustaría satanizar a las nuevas tecnologías porque su desarrollo trajo consigo muchas ventajas, como el acceso a una mayor cantidad de información a bajo costo, por ejemplo para nosotros los padres que a veces nos sentimos confundidos sobre algunos temas de crianza, alimentación y otros podemos encontrar respuestas e ideas en la web. También se constituyen en una herramienta muy útil para la escuela, la universidad y el trabajo y ni qué decir para el entretenimiento y el relacionamiento con familiares y amistades que se encuentran lejos; además que en un futuro más cercano de lo que creemos si no sabemos usar éstas nos aislaremos del resto del mundo y podremos pasar por los nuevos analfabetas tecnológicos. Pero no por esto debemos dejar que su uso indiscriminado nos aísle de las personas que queremos, de las que están física y emocionalmente junto a nosotros. Para esto dentro de casa será importante plantearnos límites de uso, un consejo interesante que leí fue tener contenedores de celulares, donde todos los de la familia dejen allí su aparato a la hora de comer o en un momento familiar.

Entonces debemos aprender y enseñar que el buen uso de las nuevas tecnologías no tienen que interferir en las relaciones familiares y amistosas, por lo que debemos priorizar pasar más tiempo en familia, conversando, paseando, viendo una película, haciendo deporte, jugando algo juntos, en vez de publicar cuánto nos divertimos y amamos en nuestra familia. Tratemos de salir con amigos a pasear, comer y divertirnos sin tener la necesidad de publicarlo, volvamos a disfrutar de la vida y de las cosas simples como una tarde de sol en un parque, de jugar con las mascotas, leer un buen libro y muchas otras más que nos hacen humanos y las que en realidad nos ayudan a ser verdaderamente felices.


sábado, 12 de agosto de 2017

¿Cómo es un maestro inolvidable?



El Día del Maestro Boliviano nuevamente me inspira para reflexionar sobre este personaje tan importante en la vida de cada ser humano, en un artículo anterior proponía repasar la importancia de que los maestros tengan una remuneración acorde a su responsabilidad y la necesidad de su formación y vocación comprometida. Ahora les propongo ir más allá, recordar a los maestros que marcaron huella, que además de enseñarnos su materia nos convirtieron en las personas que somos ahora, es decir tratar de escudriñar o tal vez siendo más precisa describir las cualidades de los  mejores profesores que pasaron por nuestra vida o por la de nuestros hijos.

Quisiera empezar planteando algo que me parece fundamental y es que uno de los objetivos más importantes en la formación de los pequeños, en las aulas, debería ser la educación en valores porque si bien lo académico es lo primero, debe equilibrarse con la ética pues como decía mi querido docente Gonzalo Gantier somos seres sentí pensantes. Si bien es cierto que el primer lugar donde deben enseñarse los valores es el hogar y los padres somos los responsables, también es una realidad que los maestros son igual de importantes en la vida de sus estudiantes, pues pasan con ellos mucho tiempo y comparten muchas experiencias; incluso como leí en algún lugar, puede pasar que sus aulas sean el único lugar seguro y agradable que tengan los pequeños, por lo que la responsabilidad del educador aumenta considerablemente.

Por todas estas razones quiero que nos planteemos las cualidades más importantes para que un maestro haga la diferencia en la vida de sus alumnos y deje la mejor experiencia en los años de escuela y colegio, pero lo más importante, tal vez, que de esta forma contribuya a la formación de buenas personas y mejores ciudadanos.

Entonces estas cualidades, no sólo en lo académico sino en valores, las resumiría de la siguiente manera:
-          Ser un especialista; es decir que conocer la materia que imparte a profundidad, ser un experto en ella para poder compartir sus conocimientos con sus alumnos, pero además contar con una metodología sólida, pero que pueda adaptarse a la realidad de cualquier estudiante.
-          Ser motivador; lo que significa que cualquiera sea la materia que dicte tiene que tener la capacidad suficiente de motivar a cada uno de sus alumnos, primero a interesarse y luego buscar ser los mejores en la materia, no necesariamente en una competencia sino más bien que no se conforme con que algunos alumnos sean buenos en su aula sino que motive a todos porque todos pueden ser mejores.
-         Ser amables y agradables; estas cualidades me parecen fundamentales porque si los maestros no se ganan el aprecio y más aún el cariño de sus estudiantes será muy difícil llegar a ellos con cualquier conocimiento, además que estas cualidades servirán para que los niños y jóvenes tengan confianza de preguntar y compartir sus preocupaciones con su profesor. Siendo cariñosos y atentos a lo que les pasa a sus estudiantes los maestros realmente pueden cambiar vidas.
-          Ser apasionados por lo que hacen; como en cualquier profesión si les gusta su labor diaria se interesarán en formarse más y mejor no sólo en cursos sino a través de la lectura y la investigación y por supuesto estarán comprometidos en que todos sus alumnos alcancen el éxito en su materia invirtiendo incluso más tiempo de lo que su contrato exija.
-          Ser creativos; no sólo en las formas de llegar a sus alumnos, tomando en cuenta que los grupos en las aulas son heterogéneos y existen alumnos que tienen formas diferentes para aprender, el maestro también debe ser creativo en las herramientas que use, haciendo que el alumno llegue a cada clase con mayores expectativas de aprender.
-          Ser paciente y justo, es importante que a pesar de ser amable el maestro imponga disciplina en su clase es decir que se gane el respeto de sus estudiantes y para esto le servirá mucho la paciencia, porque si uno como madre a veces pierde la calma con un par de niños, un profesor trabajando con más de 20 niños, adolescentes o jóvenes tendrá que armarse de una paciencia mayor para llegar positivamente a su audiencia.

Seguramente, podrían incluirse muchas más cualidades a esta pequeña lista para describir a los buenos maestros, a los que marcan un hito en tu vida y los que con su ejemplo educan en valores y en conocimiento buscando un equilibrio en ambos. Espero que estas líneas sirvan no sólo para exigir estas cualidades en los maestros en general y los de nuestros hijos ,sino también para agradecer  a aquellos maestros que fueron de esta forma con nosotros y lo son y serán con nuestros hijos; porque son esos profesores a los que recordaremos cuando sus enseñanzas nos sirvan en la vida diaria y podamos contar a hijos y nietos que gracias a ellos pudimos convertirnos en mejores seres humanos y a su vez compartir con los que nos siguen en el camino de la vida.


Ver el mundo con ojos de mamá



En un artículo anterior describí lo difícil que puede convertirse la labor de ser madre, ahora complementando la visión de la maternidad quiero compartir con ustedes lo maravilloso de este oficio, porque como dicen no todo es color rosa, pero tampoco todo es negativo. A pesar de que como madres podemos vivir momentos difíciles; existen otros, maravillosos, llenos de amor y alegría, las satisfacciones también son parte de nuestro día a día, como cuando consigues sintonizar con tu hijo para realizar sus tareas y vamos aprendiendo juntos, especialmente tú vas desarrollando tu  paciencia y aprendes que cada niño tiene su forma y tiempo de aprender, o cuando te dicen que te aman de la luna al sistema solar 390.543 vueltas y se vuelve tu caballero protector, o como cuando tu pequeño se ríe de la mueca que le hiciste y la disfruta más que cualquier cosa, o que cuando llora sólo te busca a ti para calmarse o que sólo duerme tranquilo y feliz entre tus brazos. Todas estas experiencias son las que te regala la maternidad y hacen que tu vida nunca vuelva a ser como antes.

Por todo esto y más la maternidad es una experiencia única y que cambia definitivamente tu vida, cuantas veces vuelvas a ser madre. Personalmente mis dos experiencias han sido procesos en los que he aprendido tal vez más que en toda mi vida anterior. Lo más importante que aprendí en las dos ocasiones que fui madre son las diferentes formas en las que puede expresar y vivir el amor un ser humano. Las formas más hermosas que vivimos a diario las mamis son el desprendimiento absoluto por otro ser fuera de nosotros, pudiendo entregar la vida si fuera necesario; también la preocupación y la necesidad que tenemos todas de enseñar a amar así a nuestros hijos, no solo a nosotras y a su familia sino a todos a su alrededor.

Ser madre dos veces también me enseñó o tal vez debería decir que me confirmó que las mujeres podemos ser más fuertes de lo que nosotras mismas nos imaginamos y esto no es sólo una creencia, leí artículos donde la ciencia explica cómo existen hormonas que regulan los vínculos afectivos, cuyo efecto más sorprendente es el gran desarrollo del área de protección y de eficiencia y ahí se me vienen a la mente muchas historias en las que madres murieron salvando a sus hijos. Este valor también es muy importante en los momentos de crisis, que debo decir son muchos,  aquellos en los que sentimos no poder más, pero volvemos a pesar de todo porque nuestra vida ya no tendría sentido sin nuestros pequeños.

En lo práctico, también aprendí  a ser más efectiva y productiva. Una madre ya sea que trabaje o se quede en casa tiene millares de cosas que hacer y que están bajo su responsabilidad, lo logra a través del aprendizaje de cada día y de la necesidad diaria, priorizando lo urgente sin olvidar lo importante como toda una directora de una transnacional. Por eso es que como madres tenemos la capacidad de cuidar al hijo pequeño mientras acompañamos a hacer las tareas al mayor y en medio tenemos que cocinar o limpiar o tal vez hacer otro trabajo para clientes fuera de casa.

Algo hermoso que aprendí al ser mamá y que ahora nuevamente siento con intensidad es a ser más empática con los demás, pienso que ser madre te da mayor sensibilidad no sólo con otros niños, que a mí me pasa a menudo, pues puedo ver los ojos de mis hijos en cada uno de los pequeños con los que me encuentro, sintiendo una gran ternura por ellos; así pienso que la maternidad nos regala una bondad que antes no experimentábamos por diversas razones, quizás especialmente porque antes éramos más egoístas y es a través de esta bondad por la que podemos entender a los demás de una forma más profunda y espiritual no sólo a través de las palabras sino especialmente por lo que no se dice  porque es así cómo entendemos a nuestros bebés cuando ellos no pueden hablar.


En conclusión la experiencia de ser madre, al enseñarnos valores que nos muestran cómo  ser felices con la felicidad de los demás, cómo poder vivir plenamente a través de nuestros propios sueños pero además a través de los sueños de los hijos, esta situación tiene como consecuencia que podamos ver al mundo de forma diferente, probablemente con más bondad y por tanto nos convierte en mejores seres humanos y eso es lo que nos toca transmitir de vuelta a los pequeños porque éste puede ser el mejor y el más grande legado que podemos dejar en este mundo.

El difícil oficio de ser mamá



Particularmente esta semana ha sido muy dura para mí como madre, influiría seguramente que mi hijo mayor estuvo resfriado y con tos muy fuerte, que además nos contagió y hubo días en los que todos estábamos resfriados. A eso se sumó que varios días, como no pudo ir al colegio por su enfermedad tuvo que igualarse en casa cada una de las actividades de clase y tareas, pero claro, como no estaba del todo bien no lo hizo con el mejor humor. No sé si fue mi impresión pero mi hijo menor de cuatro meses estuvo más inquieto que de costumbre, sin querer dormir o llorando sin que yo entienda la razón. Tal vez sobrellevar esto no hubiera sido tan duro si es que yo no hubiera sufrido los malestares del resfrío. Como imaginarán todo esto fue llevando mi paciencia al límite y más aún porque la verdad es que tengo muy poca; al sentirme agobiada, cansada y adolorida varias veces  reaccioné negativamente con mis pequeños haciéndoles incluso llorar.  De paso leía artículos donde explicaban la importancia de acompañar con paciencia y amor a los hijos en las tareas, las consecuencias de gritarles a los niños, etc. Todo esto me hizo sentir muy culpable y más aún me hizo cuestionar si mis hijos merecían una madre- a mi parecer- tan mala.

Este fue el punto que me llevó a reflexionar profundamente sobre mi capacidad para ser una buena mamá y debo admitir que todavía no llegué a una conclusión definitiva, pero algunos puntos a los que pude llegar son:

  • Que muchas veces a pesar del gran amor que sentimos por nuestros hijos, la labor de madre puede ser un verdadero dolor de cabeza, salirse de las manos y agobiarnos hasta el punto de querer renunciar, pero a diferencia de cualquier otro oficio ésta no es una opción.

  • Entonces ¿qué nos queda a las madres que no calificamos como las sacrificadas, abnegadas e inmaculadas, que hipotéticamente existen y de las que leemos y escuchamos el 27 de mayo? Lo que yo creo que nos queda es seguir trabajando y luchando para ser mejores, algo muy importante es perdonarnos a nosotras mismas por los errores cometidos, por las lágrimas de nuestros niños y pedirles perdón a ellos también y puedan saber así que sus mamás son humanas y por tanto no son perfectas. Finalmente cada día comenzar de nuevo con la esperanza de haber aprendido de nuestras flaquezas y poco a poco ser más sabias.
  •  
  • Otro aspecto que me pareció importante es que si bien es cierto que actualmente existe una infinidad de información a mano, gracias a la tecnología, ésta puede ser un arma de doble filo; porque si bien puede constituirse en ayuda para encontrar soluciones a diferentes problemas que pueden surgir en la crianza de los hijos, también nos pueden confundir por las variadas teorías, incluso contradictorias sobre un mismo tema, he aprendido que aquí el instinto y sentido común deben guiarnos, además ser conscientes que los consejos y tips no aplican para todos los niños porque cada uno es único y gracias a que conocemos muy bien a los hijos podremos saber cuál puede servir o 

  • Finalmente algo que me di cuenta es que compartir esta responsabilidad con la pareja es fundamental, y es aquí donde no podemos confundirnos creyendo que ellos nos tienen que ayudar, porque esto significaría que la responsabilidad es solo nuestra cuando en realidad es de ambos, por tanto ellos deben inmiscuirse buscando las mejores estrategias para ser parte del cuidado de los chicos. No obstante podemos y debemos, aunque personalmente me cuesta mucho, pedir ayuda a otros como ser nuestros padres, suegros, hermanos porque una llega a sentirse agobiada, cansada, deprimida y molesta por querer hacer todo sola, pero si dejamos que nos ayuden nos pueden aliviar mucho y esto nos servirá para cargar energías y continuar con mejor humor y amor nuestras labores cotidianas.


En conclusión, ser madre no es fácil incluso cuando el padre se inmiscuya en el cuidado de los hijos, pero debemos dejar de querer ser perfectas, de esperar que los hijos lo sean también y tener la casa ordenada  e inmaculada, que nada falte y que hagamos todo solas; somos humanas y por lo tanto cometimos y seguiremos cometiendo errores, lo importante es no exigirnos demasiado, disfrutar más, pedir ayuda cuando la necesitemos y seguir trabajando para convertirnos en la mejor madre que podamos ser y así construir junto a nuestros chiquitines recuerdos inolvidables que reconforten su corazón y les sirvan cuando ellos se conviertan en padres.

¿Qué enseñamos dentro de nuestras familias?



Este 15 de mayo se celebra el Día Internacional de la Familia, y desde hace algunos años también en el país y en el municipio se decidió conmemorar esta fecha, lo que me parece muy acertado por la importancia de la familia en la vida de todo ser humano, y en toda sociedad porque es ahí donde podemos aprender a ser los mejores seres humanos o deshumanizarnos. Pienso que esta fecha tiene que motivarnos a reflexionar sobre algo que he ido repitiendo en anteriores artículos y es lo que enseñamos y aprendemos en nuestros hogares.

No dejo de pensar en las historias que vemos y escuchamos todos los días en la radio y en la televisión y es a partir de ellas que me pregunto qué estaría pasando en la familia de los jóvenes que recientemente asesinaron a golpes a uno de sus compañeros de clases después de haberle acosado durante mucho tiempo, o en la familia de los jóvenes que asesinaron a otro por una prueba de amor, o de los primos que violaron a una pequeña de dos años, esto sin el ánimo absoluto de juzgarlos a ellos o sus familias, simplemente reflexionando e intentado buscar las causas de fondo de estos actos que causan escalofríos. En contraste  también me pongo a pensar qué pasa en las familias de jóvenes que son voluntarios en el Instituto Psicopedagógico o en la Cruz Roja, o en las familias de aquellos que protegen a los animales o del joven que creó su propia prótesis de mano o aquel que desarrolló una aplicación para aprender aymara.

Me pongo a pensar en todas estas familias porque estoy segura que en cada una de ellas se enseñaron y aprendieron muchos valores y antivalores que desencadenaron luego en acciones de los más jóvenes con tanto impacto que llegaron hasta las noticias; pero también estoy consciente que cada hogar es un mundo y nadie puede saber exactamente lo que viven las familias en su interior, sin embargo creo que podemos estar seguros que nuestros hijos aprenden de nosotros, no sólo por lo que les decimos y recomendamos si no  especialmente por lo que nos ven hacer, es decir por nuestro ejemplo, esto es lo que se nos olvida y por eso, en mi caso, por ejemplo,  yo no tengo paciencia y luego veo a mi hijo perderla también, de la misma forma mi mal carácter, algunas veces, lo veo reflejado en él  y es que los pequeños son esponjas que aprenden todo lo que ven y a los que más ven son a nosotros.

Pero no podemos quedarnos ahí, yo no puedo conformarme con que mi hijo no sea paciente y tenga mal carácter tal como yo, sino que buscaré y me comprometeré a cambiar y le demostraré a él que es posible mejorar, de esta forma vamos enviando mensajes a través de cada acción y en casi todas las situaciones serán ejemplos a seguir. Por supuesto que esto no quiere decir que los padres de los que hablaba antes hayan asesinado a alguien y que por eso sus hijos lo hicieron; pero si en nuestras casas no enseñamos el respeto hacia la vida de los demás, si no enseñamos a aceptar las diferencias de los demás o a controlar nuestras emociones y deseos, si no ponemos límites, sino sabemos decir no, los pequeños aprenderán que pueden hacer cualquier cosa para conseguir lo que quieren, no valorarán lo que tienen y ambicionarán más y por supuesto no les importará dañar a alguien más.

También es cierto que puede pasar que debido a problemas más apremiantes y urgentes como la pobreza extrema, alguna enfermedad, la ausencia de uno de los progenitores u otras situaciones se deje la educación en valores a un lado.

Lo importante aquí también es que dentro de las familias tengamos la capacidad de identificar nuestros problemas y de la misma forma la valentía de buscar ayuda externa, porque existen instancias que tienen la misión de apoyar, acompañar y ayudar a las familias que sufren problemas; de nada servirá negar los conflictos, segarnos por el amor a nuestros hijos, pensar que si pedimos ayuda los demás hablarán mal de nosotros o nos juzgarán, pienso que es peor llegar a extremos para los cuales las soluciones sean más dolorosas como ver a nuestros hijos en la cárcel o peor aún muertos.


En definitiva, la familia es la instancia más importante donde aprendemos a ser mejores personas, es la primera escuela donde nos enseñan amar y ser amados, el espacio donde nos tenemos que sentir seguros y protegidos y también donde aprendemos que no vivimos solos sino con otros seres humanos a los que debemos respetar y si a ese respeto sumamos amor de prójimo será mejor y más hermosa la convivencia porque transformaremos a nuestra sociedad en una gran familia de todos, donde se viva de forma solidaria buscando el bien común.

Trabajar para ser felices



La frase de Ernesto Sábato que me inspiró para escribir el artículo de esta semana, dice “Sólo lo que se hace apasionadamente merece nuestro afán, lo demás no vale la pena”, es así que con certeza puedo decir que la mayoría de los trabajos que  tuve tenían esta característica, es decir apasionarme, a tal punto que en uno de ellos, cuando trabajaba en la Fundación Pachamama para ser precisa, mi esposo y yo tuvimos que ponernos la regla de no hablar  sobre trabajo en la casa, porque nos gustaba tanto que se había vuelto tema de conversación a todas horas, buscando la mejor manera de afrontar el cargo. Este apasionamiento que uno logra descubrir en lo que hace es una de las más grandes bendiciones y lamentablemente no todos pueden experimentarla por diferentes razones.

Es una realidad que uno escoge su trabajo por diferentes razones, en países como Bolivia, debido al contexto económico en el que vivimos donde las oportunidades de trabajo no son las mejores y que más bien la economía informal es la predominante; muchas veces la elección se tiene que limitar a lo que pueda redituarnos como para poder sobrevivir. No obstante, no deberíamos quedarnos ahí, nuestro gobierno no debería quedarse ahí porque sólo cuando los ciudadanos trabajen en lo que realmente les hace felices, el país encontrará el camino más corto hacia un verdadero desarrollo.

Estoy segura que uno debe dedicarse o trabajar en lo que verdaderamente le apasiona porque sólo así la labor diaria más que un deber se convertirá en un placer, lo que a su vez repercutirá a que seamos cada vez más productivos y eficientes en cualquier labor en la que decidamos desenvolvernos. Soy consciente que no siempre es posible, especialmente cuando uno tiene una familia que mantener o como hijos ayudar en la subsistencia; pero es nuestro deber encontrar formas de alcanzar los sueños que anhelamos; y más importante aún hacer que el día de mañana nuestros hijos sí trabajen con gusto y no solo por necesidad, pera esto dependerá de nosotros en gran parte al guiarlos y acompañarlos a escoger un oficio o profesión que sea su vocación y los apasione.

Por tanto, un aspecto fundamental para lograr escoger lo que a uno le hace feliz es la vocación, es decir aquella inclinación o interés que sentimos en nuestro interior desde pequeños por una forma de vida o trabajo determinado o tal vez lo que nos vemos haciendo por el resto de nuestra vida. Aquí es importante tener la mente abierta, especialmente si somos padres, porque ha pasado y seguirá pasando que como progenitores tenemos el sueño que los hijos sigan nuestros pasos o sean lo que nosotros no pudimos ser y por tanto cuando ellos manifiestan intereses que no están dentro de nuestras expectativas tratamos de disuadirlos en sus decisiones. A veces los padres solo deseamos que ellos sigan una carrera universitaria,   y si escogen carreras técnicas u oficios artesanales, religiosos y artísticos nos parece que estarán desperdiciando su vida, sin saber que ése puede ser su verdadero camino hacia la felicidad.

Otro aspecto importante en la búsqueda del trabajo que nos haga felices es que muchas veces buscamos hacer sólo cosas extraordinarias, está bien tener grandes sueños, desear ganar premios, ser los más reconocidos, pero no podemos basar la elección de lo que haremos el resto de nuestra vida sólo en estos anhelos, pienso que la felicidad radica en hacer hasta las cosas más simples de forma extraordinaria y eso se logra solo cuando hacemos todo basados en el amor y el servicio hacia los demás, por eso todo lo que hacen las madres cada día por nosotros son pequeños milagros que sólo los apreciamos cuando somos grandes; cuando un artesano crea un objeto hermoso y práctico como un zapato que ayudará a caminar bien a alguien que tenga un problema en los pies y así podríamos ir nombrando más y más ejemplos.


Por tanto creo que es importante que no dejemos que el consumismo, el individualismo y la ambición sean los que marquen nuestro norte y definan en  que vamos a trabajar o nuestra forma de vivir, sino más bien que el horizonte a seguir esté guiado por valores como la solidaridad, el servicio a los demás y el bien común. Así lograremos ser felices con lo que hacemos y lo más importante hacer felices a los demás con nuestra labor cotidiana.