jueves, 31 de agosto de 2017

Ser joven es un estado mental


En la comedia norteamericana “Hermanas” protagonizada por Tina Fey y Emy Poehler escuché una conversación muy graciosa, pero tan real, Fey preguntaba a una amiga por qué estaba tan deprimida, ella le respondía contándole lo siguiente: “Ayer mientras caminaba por la calle, me paré frente a un escaparate de una tienda y pude ver a una mujer muy vieja y cansada, me miraba muy triste y no pude dejar de sentir mucha pena por ella, de pronto la saludé y me di cuenta que era mi propio reflejo”. Cuando vi esta escena reí mucho, por la forma en que cuenta esta anécdota la actriz, pero luego me puse a pensar que a muchos nos pasa esto; tenemos una imagen de nosotros mismos en la cabeza que no siempre concuerda con cómo nos ven los demás.

Por eso, cuando faltan sólo unas semanas para la llegada  de la primavera que es sinónimo de juventud, me gustaría reflexionar sobre esto. Todos deseamos ser jóvenes por siempre, yo me veía siempre joven hasta que muchos me empezaron a llamar señora y mi ilusión se rompió a pedazos. Entonces me puse a pensar ¿por qué deseamos seguir siendo jóvenes por tiempo indefinido? ¿Qué tiene la juventud que es tan deseada? ¿En qué se diferencia la juventud de la edad adulta? ¿Podemos prolongar la juventud?

Pienso que deseamos ser jóvenes por siempre porque juventud es sinónimo de belleza y de energía. Los jóvenes tienen todo el tiempo por delante; pueden pensar que lo mejor en sus vidas todavía está por llegar; son más arriesgados en sus decisiones y en su forma de amar, tienen poco que perder si se equivocan; sueñan con un futuro brillante y prometedor, sueñan con cambiar al mundo para hacerlo un mejor lugar para vivir; tienen sueños e ideales; aprenden todo rápido y no tienen miedo de aprender cosas nuevas; no les cuesta trabajar mucho y ven las cosas de forma fresca y nueva; se divierten más; se ilusionan fácilmente no sólo con el amor sino con lo que les gusta hacer; pueden comer sin engordar; creen más en las otras personas; con facilidad se animan a ayudar a los demás.

Toda esta enumeración de características nos hace desear ser jóvenes por siempre, ¿quién no quisiera ser así el resto de su vida? Yo lo deseo, por eso pienso que debemos conservar muchas de estas características en nuestra vida cotidiana, pero combinándolas con la experiencia que obtuvimos con los años y así demostrar que la juventud es un estado mental que puede prolongarse de acuerdo a lo deseado por una persona con actitud positiva.

Por ejemplo, si bien no tenemos tanto tiempo como los jóvenes debemos aprender a usar ese tiempo de forma más efectiva, así seremos más reflexivos y menos impulsivos; estemos conscientes y orgullosos de haber cumplido algunas metas y sueños y si no sigamos luchando por hacerlo tal vez no con el ímpetu juvenil, pero sí con la constancia y perseverancia que nos ayudó a llegar donde estamos; no perdamos nuestros sueños e ideales, todavía podemos conseguir cambiar el mundo, tal vez ahora con nuestro ejemplo y formando hijos que sigan nuestros pasos; no dejemos de aprender, a pesar de que no sea tan fácil y venzamos el miedo de aprender cosas nuevas, esto nos ayudará a mantener más saludable a nuestro cerebro; aunque no podemos trabajar tanto como los jóvenes que lo que hagamos marque la diferencia, volvamos a mirar de forma nueva y fresca todo; sigamos divirtiéndonos, tal vez de formas diferentes, pero no dejemos de reír y sonreír; siendo positivos  viviremos más y mejor; continuemos ilusionándonos con el amor, tal vez no con la pasión de los jóvenes, pero sí con la madurez de un amor más sabio y paciente; sigamos comiendo aunque cuidándonos un poco más no dejemos de darnos gustos que nos hagan felices; no dejemos de creer en los demás, a pesar de las malas experiencias que hayamos tenido, la fe en las personas nos ayudará a vivir mejor en sociedad y finalmente no perdamos la capacidad y corazón para ayudar a los demás, es una de las mejores características que aprendimos cuando fuimos jóvenes.


Estoy segura que si aplicamos la mitad de estos consejos lograremos prolongar nuestra juventud, sin importar los años que pasen, porque la vida es muy corta para lamentar la pérdida de la juventud. Entonces les propongo que podamos vivir el resto del camino aprovechando la experiencia y sabiduría que nos dieron los años que ya vivimos pero con ojos, corazón y mente jóvenes, teniendo la seguridad que lo mejor está por llegar y que la juventud –reitero- es un estado mental en el que cada día podemos elegir y planificar nuestra forma de vivir.

jueves, 24 de agosto de 2017

El amor y la sabiduría de los abuelos



Desde mis primeros recuerdos, mi abuelo, para mí, fue un súper hombre, un mago que tenía en una caja enorme fabricada por él mismo, cosas mágicas como botellones de colores inverosímiles, conos de cartón que para nosotros eran los mejores legos y herramientas de toda índole, todo esto sólo podíamos verlo cuando él cuidadosamente abría su caja para arreglar algo en la casa o fabricar algún artefacto que le pedían sus amigos o conocidos. Sus manos grandes y doradas por el sol me impresionaban porque las creía capaz de hacer todo, desde construir casas para las mascotas hasta cultivar hermosas rosas en el jardín. Admiraba de sobremanera su memoria e inteligencia porque se traducía en historias increíbles que inundaban nuestra imaginación, como la vez que comió serpientes y otros animales exóticos cuando fue a la Guerra del Chaco.

Su cariño enterneció mi infancia, él era el que nos llevaba y recogía de la escuela hasta que fuimos adolescentes, pero como mi prima y yo nos cambiamos a colegios diferentes ya no pudo recogernos, creo que ése fue el momento clave en el que recién fui consciente que mi abuelo había envejecido y yo crecido. Él fue la figura paterna de mi vida, por eso cuando murió y no pude despedirme fue el momento más triste de mi vida y hasta ahora de vez en cuando lo sueño, lo veo cuidándome o contándome sus historias interminables.

Soy feliz porque mis hijos, como yo, disfrutan de sus abuelos; debo admitir que con mi primer hijo me dio celos por el amor que le profesaba mi mamá a mi pequeño, pero luego entendí que los abuelos nos vuelven a amar a través de nuestros hijos y que como no tienen la responsabilidad de educarlos, porque esa es nuestra tarea como padres, ellos pueden amar a sus nietos sin presiones ni preocupaciones, además que tienen el tiempo y la paciencia suficientes para brindarles toda la atención y el cariño que necesitan los niños.

No todos tuvimos la fortuna de convivir con nuestros abuelos, de disfrutar de ése amor tierno que es diferente al de los padres, de escuchar los primeros consejos cuando te quedabas solo o cuando te compraban ése juguete que no te darían tus padres porque les parecería un desperdicio de dinero. Es una pena para los que se perdieron todo esto porque además los abuelos son los que nos transmiten los valores y las tradiciones familiares, por eso cuando nos reuníamos en la casa de mi abuelo él nos contaba cómo se cocinaba antes y qué debería tener una buena sopa hecha en casa. Ahora los abuelos de mis hijos les cuentan cómo fue su padre cuando era niño y mi mamá le prepara sus comidas favoritas a mi hijo mayor.

De la misma manera, los abuelos también se sienten muy contentos de poder convivir y ayudar a sus nietos, por ejemplo leía que según estudios realizados por la Universidad de Boston, tener la posibilidad de contribuir en la vida de sus nietos, mantienen jóvenes y activos a los abuelos, previniendo incluso depresiones. Viendo desde la experiencia es cierto, veo la alegría de mi mamá cuando juega con mi hijo, también veo que mi suegro cuando ayuda a mi hijo a hacer algunas tareas y mi suegra mimando a los dos pequeños son muy felices. Pero esto no quiere decir tampoco que nos pasemos de la delgada línea que divide el apoyo del abuso; es decir que nos aprovechemos de los padres y que les dejemos toda la responsabilidad de criar a nuestros hijos. Ellos son una gran ayuda para algunos momentos pero no podemos aprovecharnos de forma egoísta.

En conclusión, pienso que tener la posibilidad de promover una relación estrecha de los hijos con sus abuelos es tan importante para la vida de los pequeños, como de nuestros padres; gracias a estos vínculos los hijos tendrán una identidad familiar más sólida y sus relaciones sociales en el futuro serán mejores y por su parte los padres se sentirán más útiles y valorados por todo lo que saben y esto contribuye a que los padres ejerzamos nuestra misión de mejor forma.


Por eso no perdamos la oportunidad de tener cerca a los padres, no los alejemos de nuestras familias, dejándolos vivir solos o en asilos, el cariño y la sabiduría de nuestros mayores enriquecen la vida en los hogares y brindarles nuestro cariño y respeto es la mejor manera de agradecerles por todo lo que hicieron por la familia y lo que hacen actualmente por nuestros hijos. Su amor es infinito por lo que tenemos que corresponderles de la misma manera, cobijándolos en nuestro hogar y brindándoles los mejores momentos en el final de su vida.

martes, 22 de agosto de 2017

¿Qué regalar al mejor amigo del hombre?



En esta fecha en la que se celebra al ser que nos ama más que así mismo, San Roque, Día del Perro, es importante reflexionar no sólo sobre lo que aportan estos animales a nuestra vida sino lo que nosotros contribuimos a la suya. Como siempre, lo hago desde mi particular punto de vista, como una ex voluntaria de una sociedad protectora de animales y una convencida de las ventajas de tener mascotas.

Primero, me gustaría hablar sobre lo que nos enseñan o nos entregan las mascotas, pienso que al amarnos sin ninguna condición nos hacen mejores personas, pensemos por un momento, tu perro o tu gato te aman a pesar de que no seas el más guapo o la más hermosa, estés o no arreglada, tengas o no dinero, pero principalmente tu mascota te ama como eres y no quiere cambiarte, aquí deberíamos preguntarnos ¿nosotros amamos así? A nuestros hijos, a nuestra pareja, a nuestros padres.

Otra gran lección que nos dan los peluditos es vivir el ahora, recuerdo una vez que nuestros perros se pelearon ferozmente por un hueso hasta morder a mi esposo que trataba de separarlos, incluso se sacaron sangre entre ellos, los separamos a uno en el patio y el otro en un cuarto, pero a los pocos minutos abrimos la puerta al perrito que estaba en el cuarto, salió al patio moviendo la cola,  y con el otro se olieron y empezaron a jugar como si nada hubiera pasado, más amigos que antes. Ellos no guardan rencor ni rabia, para ellos el momento de ser felices es el ahora y el pasado se borró para siempre. Tampoco están pensando en el futuro, si bien esconden sus huesos que podría parecer que lo hacen para un mañana, lo olvidan por completo y sólo por casualidad lo encuentran alguna vez.

La característica que siempre he admirado de los animales es que nunca se quejan y tiene que ver con que lo viven el ahora, miles de perros viven en la calle y sólo los que trabajamos rescatando perros nos podemos dar una mínima idea de cuántos sufrimientos padecen, pero ellos muy pocas veces se quejan, para ellos cada día es una nueva oportunidad, de encontrar comida, cobijo, una caricia y si tienen mucha suerte alguien que les ofrezca un hogar. Esa es la felicidad para ellos, cosas simples, pero que son las más importantes.

Estas increíbles lecciones de vida son sólo algunas que nos regalan nuestras mascotas, si somos lo suficientemente abiertos de mente y podemos observar lo que hacen durante su vida. Pero ahora nos toca pensar qué es lo que hacemos por ellos, a pesar de que existen muchos dueños que devuelven ése cariño a sus mascotas, existe también una realidad muy lamentable: algunos los hacen pelear con otros perros hasta que un día mueren de esta horrible manera, otros los golpean por diversión, hay quienes los encadenan o matan de hambre o las personas que los explotan para ganar dinero vendiendo sus cachorros, también están los dueños que los abandonan o no son responsables y los hacen reproducirse sin pensar en el futuro de todas esas crías.

Pero estoy segura que podemos ser mejores humanos para ellos y buscar un regalo que no sólo les demos el día en que se los celebra sino toda su vida, que no es muy larga, por ejemplo podemos regalarles ser dueños responsables que se preocupen de su alimentación, su higiene, su salud, su seguridad y su diversión; actuar con ellos con respeto, viéndolos como seres que están a nuestro cuidado y no como mercancías que se pueden comprar y vender; además como dueños procurarles un cariño equilibrado que no quiera convertirlos en otros seres humanos porque no lo son y si lo hacemos les estamos haciendo daño porque les quitamos su identidad.

Finalmente, el regalo más importante que les podemos entregar es pensar no sólo dos veces sino muchas más cuando decidamos tenerlos en nuestras vidas, pensar si tenemos el tiempo y la paciencia suficiente para cuidarlos, el dinero para ocuparnos de sus necesidades y si vivimos con más personas que ellas estén de acuerdo y se hagan responsables conjuntamente y por último regalarles la promesa de que estaremos para ellos toda su vida y los llevaremos donde vayamos porque son parte de nuestra familia y a la familia se la cuida, se la quiere y se la respeta.


¿Por qué son importantes nuestros padres?





La noticia que me impactó como a muchos la semana pasada fue aquella que contaba cómo una hija y su esposo habían retirado del hospital a su madre que estaba desahuciada por los médicos pero que no había fallecido aún. Uno pensaría, como sería lógico, que la llevarían a su casa para que pueda pasar sus últimos minutos de vida junto a sus seres queridos, pero no fue así la trasladaron directamente a una sala de velatorios donde esperaban que muera; como siempre la vida nos trae sorpresas o enseñanzas en realidad, la madre no muere y sufre muchas horas en un lugar no apto para su estado.
Esta triste historia me hizo pensar en una pregunta ¿por qué son importantes los padres en nuestra vida? Tal vez parezca una pregunta con una respuesta muy obvia, pero quiero que me acompañen a reflexionar en ella. Tal vez encontremos algo más de lo que nos imaginamos y podamos entender lo que estas personas hicieron.

En primera instancia los padres son los que nos dan nuestra identidad, es decir el saber de dónde venimos, pero también gracias a ellos se fortalece o no nuestra autoestima; nos enseñan a amar y ser amados, por sus enseñanzas, sabemos qué está mal y bien; en muchas ocasiones heredamos o aprendemos las mejores virtudes y los peores defectos. Gracias a su ejemplo sabremos cómo queremos constituir la propia familia; pero principalmente son los que nos darán la certeza o no de que podremos conseguir todos los sueños que anhelamos.

En muchos casos, lamentablemente también es cierto que nuestros padres son los que nos dejan los mayores temores e inseguridades ya sea por su ausencia, abandono, falta de cariño, abuso, violencia y otros.

No obstante pienso que tampoco  podemos dejarles toda la responsabilidad de la vida futura a ellos, es cierto que nos dan las bases,  pero no son los que tomarán decisiones cuando seamos mayores. Depende de nosotros cómo llevemos adelante el camino que nos tracemos, está en nuestras manos superar todo lo negativo de nuestro pasado; también nos toca la responsabilidad como hijos tratar de entender lo que tuvieron que pasar ellos por nosotros y comprender también que como todo ser humano cometieron errores, que nos afectaron profundamente quizás, pero que el ser padre es una responsabilidad tan grande que no todos estamos preparados.

Pienso que esto es más fácil de entender cuando nos convertimos en padres, y tenemos en nuestras manos la vida, el desarrollo emocional y físico de los hijos, toda decisión que tomemos afectará positiva o negativamente y a veces nos sentimos tan inseguros de lo que hacemos y  no tenemos la menor idea de cómo reaccionar frente a algún acontecimiento o  problema.

Definitivamente no es sencillo ser padre o madre, pero algo que estoy aprendiendo con mis hijos es que no está mal equivocarse, lo importante es admitirlo, disculparse y aprender lo más que pueda de ese error, así tenemos la oportunidad de enseñar a nuestros pequeños que no tenemos que ser perfectos, que no está mal equivocarse, saber perdonar, pedir perdón y aprender de nuestros errores.
Por todo esto, las relaciones entre hijos y padres tampoco son fáciles, mientras vamos creciendo, la imagen que tenemos de nuestros padres se transforma de héroes a personas que no saben nada, o que no entienden ya sobre la vida actual y quieren que vivamos a su manera y ellos por su parte nos ven transformarnos de dóciles niños a rebeldes adolescentes e incontrolables jóvenes. Deseando desde el fondo de su corazón que no cometamos los mismos errores que ellos cometieron, porque en cada una de nuestras caídas ellos sufren el doble y lo más importante es que encontremos felicidad y  estabilidad financiera para que puedan quedarse tranquilos cuando ya no estén junto a nosotros.


Por todo lo expuesto aquí, a pesar de cualquier problema o crisis que tengamos con nuestros padres, no podemos dejar de respetarlos, de agradecerles por la vida que nos dieron, incluso por sus errores porque sin ellos no seríamos las personas que somos. Es nuestra responsabilidad como hijos, como seres humanos cuidarlos, propiciarles una vida tranquila, segura y llena de cariño en sus últimos años y no dejarles abandonados en hospicios sin visitarles, o esperar su muerte para estar más tranquilos, porque cuando nos falte nuestra madre o nuestro padre no tendremos a nadie más que nos ame tan desinteresadamente, porque como vimos, ni nuestros hijos pueden hacerlo.

El pensamiento positivo cura



Hace dos semanas todo en mi vida parecía tranquilo y sin problemas, pero el destino me deparaba algo muy diferente, de pronto un dolor que no parecía tener importancia me llevó al hospital y terminó con una operación de emergencia por apendicitis. Todo pasó tan rápido que ni pude despedirme de mis hijos ni prepararme para lo que iba a pasar, de pronto estaba durmiendo en una cama junto a otras mujeres que tenían padecimientos parecidos y en algunos casos peores. Las primeras noches fueron muy tortuosas no por un dolor propio sino el de mi compañera de la cama a mi mano derecha, una señora no muy mayor que tenía tantos padecimientos que el dolor le quitaba el sueño y sólo lograba pedir a Dios y a su madre que la ayudaran.

Mi operación no fue la más sencilla, pero fue exitosa y por eso debo agradecer a los doctores que me atendieron con toda profesionalidad, pero también con humanidad porque cuando una está asustada y vulnerable lo que más necesita además de ser atendido por profesionales que conocen perfectamente su ciencia es ser cuidada por ellas, pero con ojos de humanidad y empatía.

Por todo esto a pesar de ser una experiencia poco agradable el cuidado cariñoso, informado y profesional fueron los que me ayudaron a mí y a mis cuatro compañeras a mejorar día tras día; es verdad que no todos fueron así porque todavía sensiblemente existen trabajadoras de la salud que olvidan que los pacientes además de estar pasando por dolor físico tienen miedo e incertidumbre que los hacen más vulnerables, para ellas espero que se contagien de sus compañeras que entregan su corazón en cada paciente haciendo por ellos más de lo que sus responsabilidades lo describen.

Pero para una pronta recuperación no sólo influye este aspecto sino el apoyo de las personas con las que convives todo el tiempo que te encuentras en el hospital y por suerte yo tuve compañeras con las que sintonizamos de inmediato a pesar de ser todas diferentes, lo importante fue que teníamos en común nuestros miedos, pero también nuestro deseo de mejorarnos, de volver a nuestros hogares y continuar nuestra vida de la mejor manera.

Los cinco días de mi estadía tuvieron altas y bajas, trataba de mantener un pensamiento positivo por mí misma pero también para compartirlo con mis compañeras y estoy segura que ellas mismas tenían el mismo desafío cada día, sin embargo no era fácil cuando el dolor nos ganaba, o algún otro problema derivado del dolor y el miedo nos arruinaba la jornada y sólo la tristeza parecía quedarse en nuestras mentes y corazones.

No obstante si veíamos que alguna perdía la esperanza, todas nos poníamos a animarla, buscando excusas positivas e incluso gritando que sí se podía, por ejemplo cuando teníamos que lograr el reto de pararnos de la cama solas, sin ayuda, después de la operación, o simplemente acompañando con cariño hasta que le pase el dolor a alguna; tal vez alertar a los médicos y enfermeras si una se ponía mal o simplemente consolar con abrazos a la que lloraba impotente sin saber con certeza lo que le provocaba el dolor.

Cuando una está alejada de sus seres queridos, se hace muy gratificante encontrar personas que higan de una experiencia traumática  algo más llevadero, y poder construir así relaciones de amistad que tal vez no comenzaron en los mejores momentos, pero que serán más sólidas porque pasaron la prueba de fuego de la amistad labrada en los peores momentos.

Después de todo, sólo espero que todos los profesionales en salud sean como los que me atendieron, llenos de pasión y vocación por su labor para que continúen atendiendo a los que más los necesitan y que las personas que tengan que pasar por alguna de estas experiencias tengan presente que el pensamiento positivo, es igual de importante que las medicinas que nos recetan, porque sólo así podremos lograr una recuperación completa y también podremos contagiar a los que estén alrededor nuestro.


Por supuesto que no es fácil y menos en situaciones así, pero nuestro cerebro es poderoso y nosotros debemos saber controlarlo a través del amor, la fe y el deseo de continuar nuestra vida sanos y junto a los que más queremos.

El poder de una sonrisa



Esta semana además de esta columna debía escribir un cuento que tiene como tema principal la sonrisa para lo que se me ocurrió imaginar a una mujer que vende sonrisas porque se da cuenta que ya nadie sonríe; entonces me puse a reflexionar sobre la sonrisa, primero averigüé que es innata en los seres humanos ya que hasta los bebés en el vientre sonríen, aun los que son invidentes de nacimiento cuando escuchan la voz de sus padres, entonces caí en cuenta que estamos hechos para sonreír.

Sin embargo, algo que me preocupó fue cuánto sonreímos en nuestro día a día; investigando algunos estudios que hicieron universidades como Harward, encontré que, por ejemplo los niños sonríen un promedio de 400 veces al día y apenas 3 de  cada 10 adultos sonríe 20 veces al día. Es sorprendente ¿verdad?

Por eso, les propongo pensar en su día hasta el momento que lean estas líneas, ¿cuántas veces han sonreído? ¿Cuáles fueron las razones por las que lo hicieron? ¿Cómo se sintieron al hacerlo y después? Tal vez ya lo sabían pero me gustaría recordárselos, sonreír tiene muchas ventajas no sólo en lo emocional, sino también en lo fisiológico y social. 

Por ejemplo, cuando sonreímos el cerebro libera endorfinas, el efecto es sentirnos felices, normalmente cuando algo nos agrada o nos hace felices el cerebro manda mensajes para que nosotros sonriamos, sin embargo podemos influenciar o engañar a nuestro cerebro si sonreímos aunque no estemos felices, el cerebro lo interpretará igual que cuando somos felices y liberará endorfina que nos hará sentir bien. Lo que quiere decir que aunque no estemos felices podemos propiciarlo si sonreímos y en contraposición si no sonreímos podemos ser más propensos a deprimirnos.

Naturalmente, la consecuencia lógica de sonreír más, es que poco a poco nos transformamos en personas más positivas y por ende transmitimos esta energía a las personas que tenemos cerca. Estudios hechos también en Harward demuestran que las personas que sonríen más son consideradas más confiables, amables y cercanas, pero también el sonreír provoca que las personas confíen más en los demás; otra consecuencia gratificante es que provocamos en el otro también una sonrisa y consecuentemente un cambio positivo en su estado emocional.

Socialmente, también una sonrisa consigue que nos veamos más atractivos y que nuestras posibles parejas sientan más confianza en conversar con nosotros, además de tener la libertad de contarnos cosas más personales.

Cuando sonreímos, además de las endorfinas se libera la serotonina y otros calmantes naturales que ayudan a aliviar dolores y malestares que podamos tener como el estrés, entonces una sonrisa se convierte en el mejor analgésico natural que está a nuestro alcance, será por eso que han cobrado importancia prácticas como la risoterapia. Esto se debe a que según estudios científicos sonreír causa el mismo efecto que comer 12.000 barras de chocolate o ganar mucho dinero.  De la misma forma ver que alguien nos sonría genuinamente también tiene efectos positivos en nosotros, más si es un bebé, alguien que nos parezca atractivo o personas cercanas como amigos y familiares a los que apreciamos.

Por todas estas ventajas les propongo que todos los días busquemos sonreír más, tal vez al principio no sea fácil, pero aquí les doy algunos consejos para poder conseguirlo poco a poco, tratemos de estar más conscientes de cada cuánto sonreímos, tratemos de hacerlo en la calle mientras caminamos o vamos en un vehículo pensando en recuerdos agradables que tengamos o en alguna ilusión o sueño encantador, pensemos en las personas que amamos, ya sean nuestros hijos, parejas, padres, hermanos, amigos; también nos puede ayudar a sonreír más ver películas o series cómicas o lo que nos cause gracia; ahora gracias a las redes sociales tenemos a nuestro alcance videos cortos graciosos, por ejemplo, yo prefiero los videos de animales en general y de gatos en particular; busquemos momentos agradables con seres queridos para convertirlos en hermosos recuerdos que luego nos ayuden a sonreír al recordarlos.

En conclusión busquemos cualquier excusa para sonreír, si estamos felices, pero también cuando estemos tristes porque nos ayudará a ya no estarlo, sonriamos a todos nuestros seres queridos, pero también a los extraños podemos estar ayudando a que se sientan mejor sin saberlo, dejemos a la sonrisa transformar positivamente nuestra vida, transformar nuestros pensamientos para poder transmitirlos a los demás, porque el mejor regalo que podemos dar a cualquiera es una dulce y genuina sonrisa.


  

El perdón es más poderoso que la venganza



Varias circunstancias me hicieron pensar en el tema que en esta semana quisiera reflexionar junto a ustedes, todos nos llenamos la boca en búsqueda de justicia cuando escuchamos en las noticias hechos como el feminicidio o el infanticidio porque parece mucho más fácil saber cuál es castigo justo para los victimarios.

Pero qué pasa en nuestra vida cotidiana cuando sufrimos de parte de alguien, incluso de seres queridos una serie de ofensas, abusos, humillaciones e injusticias que nos causan dolor; y que como consecuencia estas acciones nos llenan de rabia, resentimiento y hasta odio. Pues en muchos casos de estos sentimientos negativos nace el deseo de venganza, un deseo visceral con el que creemos que podremos encontrar tranquilidad o de alguna manera resarcir el dolor que nos causaron.  En los casos que nos tocan tan de cerca parece que la ley del Talión “ojo por ojo diente por diente” sería el único código que pudiera sanar nuestras heridas, sólo viendo sufrir al causante de la misma forma que lo hicimos nos sentiremos mejor. Vemos todo esto cumplirse en películas, telenovelas y libros, ¿pero esto es real? ¿Será la venganza la mejor manera de solucionar nuestros conflictos con otras personas?

Por experiencia propia puedo decir que no; que la venganza sólo te hostiga a acumular sentimientos negativos como el rencor y el resentimiento y esto a su vez te trae más consecuencias negativas como vivir en el pasado repitiendo y repitiendo la ofensa, el abuso, la humillación o la injusticia, lo que no te deja comenzar de nuevo, mantiene abierta una herida que si no sana no podrás seguir con tu vida y hasta puede convertirse en una obsesión.

Es así que la venganza saca lo peor de uno mismo, nos deja mascullando el dolor una y otra vez, es así que nos encierra en un círculo vicioso de odio que si no superamos no sólo nos dañará a nosotros mismos sino a los seres queridos, porque si bien el amor y la felicidad se transmiten a todos los que nos rodean como una luz, los sentimientos negativos también cundirán a los círculos más cercanos como un manto de obscuridad.

Entonces aquí deberíamos plantearnos si vale la pena todo esto para vengarnos, para hacer pagar por nuestro dolor, ¿nos hará sentir mejor herir premeditadamente a alguien aunque éste nos hubiera herido antes? ¿Sanará nuestra herida convirtiéndonos en los seres que odiamos por las cosas que nos hicieron? La verdad es que a pesar de haber recurrido a la venganza nada mejora, yo lo experimenté personalmente cuando quise vengarme de un ex novio y cuando lo hice no me sentí mejor, sólo me sentí más culpable y una persona horrible. Pienso que desde ese momento entendí que la venganza no es la salida y que sólo el perdón puede liberarte y puede sanar tus heridas.

Muchos pensarán que perdonar es sinónimo de debilidad, pero el perdón es la acción más valiente que puedas experimentar porque para hacerlo debes arriesgar nuevamente tu corazón, porque no tenemos que confundir el verdadero perdón con el que damos de boca sin hacerlo de corazón por eso muchos dicen: “ perdonar es divino y errar es humano” cuando como seres humanos tenemos la capacidad de perdonar como un acto de amor, es por eso que no es fácil y que no se puede hacer inmediatamente, el perdón es un proceso en el que cada uno debe pasar etapas de rabia, rencor, dolor y superación y recién en esta última nos damos cuenta que el odio o el deseo de venganza no aportan nada positivo en nuestra vida y que en cambio el perdón sí lo hará porque tiene un poder curativo que descubriremos al practicarlo.


Tal vez podemos comenzar cuando en ocasiones, en casa, con nuestra pareja existen desacuerdos o sentimos que nos ha ofendido o dañado de alguna manera; la única manera de continuar con el matrimonio es saber perdonar y pedir perdón todos los días. Así también enseñaremos a nuestros hijos este poder curativo del perdón, si ellos viven esta práctica en nuestros hogares podrán replicarlo en los suyos cuando sean mayores y así serán mejores personas.