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miércoles, 9 de enero de 2019

CULTIVANDO LA PACIENCIA




Hoy me animé a reflexionar junto a ustedes sobre un atributo que exige poner en acción una gran cantidad de nuestros recursos emocionales. Personalmente siento que es una de mis más grandes debilidades, les hablo de la paciencia. Este valor, que también es una virtud que poseen muchas personas no es fácil de cultivar. Para mí sigue siendo un gran desafío. Desde que tengo uso de razón no tengo un solo recuerdo de haber sido paciente, ni tampoco lo eran las personas que me rodeaban. Tal vez fue eso lo que confirmó que estaba bien así. Por ejemplo, recuerdo todavía a mis tías y mi propia madre pidiendo que de inmediato les llevara algo, si me equivocaba o tardaba era la catástrofe más grande y tenía que tragarme largos sermones de por qué había que hacer las cosas rápido y bien.

Siempre resentí eso, pero ahora que tengo hijos siento que me convertí en una persona impaciente como ellas, esperando que los demás, o sea mi esposo y mis hijos hagan las cosas como yo me imagino o reaccionando sin pensar cuando pasa algo que no puedo controlar, tratando de defenderme sin saber exactamente de qué o atacando con anticipación sin tampoco saber si en realidad es necesario hacerlo. La verdad es que  ellos me tienen mucha paciencia (irónicamente) y hasta cierto punto me entienden; pero yo estoy consciente que debo cambiar poco a poco, y es así que voy dando algunos pequeños pasos. No es para nada fácil cuando toda tu vida has sido así, pero quiero ser diferente, quiero ser mejor esposa y madre, estoy convencida que para ello debo cultivar esta virtud.

Como siempre traté de hacer una pequeña investigación, para encontrar las mejores estrategias que puedan convertirme en una persona paciente. Algo que me gustó mucho fue el consejo de reflexionar el por qué uno se siente impaciente y en estar consciente en qué situaciones; por eso me puse a pensar y me di cuenta, que mi impaciencia crece en situaciones en las que voy a contra reloj, como ser en las mañanas cuando debo ayudar a mi hijo mayor a prepararse para ir a la escuela y ¿por qué me impaciento? Porque si nos atrasamos aunque sea minutos él y su papá ya no podrán encontrar taxi, y si lo hacen se quedarán parados en un tráfico caótico, no llegarán a tiempo a clases y mi esposo a su trabajo; por eso cuando algo sale mal en nuestra rutina mañanera exploto y enloquezco. Otra situación se da cuando ya se acerca la hora de dormir y mi hijo no ha terminado sus tareas, la paciencia que podía haber tenido unas horas antes desaparece como por arte de magia y cada error que comete se convierte en una excusa para impacientarme.

No soy feliz con todo lo que describo, sé que no está bien, pero sé también que muchos de ustedes se reconocerán en esas situaciones y lo que quiero lograr con esto es demostrar que es posible y que debemos hacerlo no solo por las personas que nos rodean sino por nosotros mismos; porque no hay nada como la paz interior de haber hecho lo correcto a pesar de todo.

Pero ahora nos toca proponer, ya hicimos una reflexión sobre qué y por qué perdemos la paciencia; sabiendo esto será más fácil encontrar pequeñas soluciones, una de ellas mentalizarse que no se puede controlar todo, pero sí nuestras emociones, por eso cuando uno siente esa sensación de ir perdiendo la poca paciencia que tiene, mejor respirar profundo y si esto no funciona, alejarse por un momento de la escena, es preferible perder unos minutos que crear un ambiente negativo con nuestros seres queridos; la meditación y los mantras también son ejercicios que ayudan a tranquilizar la mente y poder controlar nuestras emociones.  Otro aspecto fundamental es aceptar lo que nos pase sea  bueno o malo, al aceptarlo podremos afrontarlo de mejor manera. Pienso que lo importante es tener unos segundos para pensar ¿por qué voy a reaccionar mal? Y ¿qué consecuencias puede haber por esta reacción? Si nos damos tiempo para hacerlo estoy segura que será más difícil impacientarnos.

Como dije antes no es para nada sencillo, aunque lo parezca; desde hace unas semanas voy intentándolo, como en todo llevo días buenos y otros no tanto. Otro consejo sabio también es rodearnos de personas positivas, pacientes y verlas interactuar con otros, esto nos inspirará para ser como ellas, ver de forma real los beneficios de cultivar esta virtud.

No obstante, como en todo no existe una receta ideal, un modo o una estrategia que sirva para todos los casos; cada uno debe ir encontrando su propio camino, para ello la tecnología nos brinda un sinfín de información, solo debemos ser críticos al buscarla aplicando lo que nos venga mejor. Por ahora yo sigo en esa búsqueda, pero con la convicción de que voy a lograrlo, tengo que hacerlo porque quiero que mis hijos sean pacientes, pero si no tienen un ejemplo en mí les costará mucho más. Ya di algunos pasos, y seguiré mejorando, ahora les toca ustedes buscar la mejor forma de cultivar la paciencia en sus vidas, vale la pena.


sábado, 12 de agosto de 2017

El difícil oficio de ser mamá



Particularmente esta semana ha sido muy dura para mí como madre, influiría seguramente que mi hijo mayor estuvo resfriado y con tos muy fuerte, que además nos contagió y hubo días en los que todos estábamos resfriados. A eso se sumó que varios días, como no pudo ir al colegio por su enfermedad tuvo que igualarse en casa cada una de las actividades de clase y tareas, pero claro, como no estaba del todo bien no lo hizo con el mejor humor. No sé si fue mi impresión pero mi hijo menor de cuatro meses estuvo más inquieto que de costumbre, sin querer dormir o llorando sin que yo entienda la razón. Tal vez sobrellevar esto no hubiera sido tan duro si es que yo no hubiera sufrido los malestares del resfrío. Como imaginarán todo esto fue llevando mi paciencia al límite y más aún porque la verdad es que tengo muy poca; al sentirme agobiada, cansada y adolorida varias veces  reaccioné negativamente con mis pequeños haciéndoles incluso llorar.  De paso leía artículos donde explicaban la importancia de acompañar con paciencia y amor a los hijos en las tareas, las consecuencias de gritarles a los niños, etc. Todo esto me hizo sentir muy culpable y más aún me hizo cuestionar si mis hijos merecían una madre- a mi parecer- tan mala.

Este fue el punto que me llevó a reflexionar profundamente sobre mi capacidad para ser una buena mamá y debo admitir que todavía no llegué a una conclusión definitiva, pero algunos puntos a los que pude llegar son:

  • Que muchas veces a pesar del gran amor que sentimos por nuestros hijos, la labor de madre puede ser un verdadero dolor de cabeza, salirse de las manos y agobiarnos hasta el punto de querer renunciar, pero a diferencia de cualquier otro oficio ésta no es una opción.

  • Entonces ¿qué nos queda a las madres que no calificamos como las sacrificadas, abnegadas e inmaculadas, que hipotéticamente existen y de las que leemos y escuchamos el 27 de mayo? Lo que yo creo que nos queda es seguir trabajando y luchando para ser mejores, algo muy importante es perdonarnos a nosotras mismas por los errores cometidos, por las lágrimas de nuestros niños y pedirles perdón a ellos también y puedan saber así que sus mamás son humanas y por tanto no son perfectas. Finalmente cada día comenzar de nuevo con la esperanza de haber aprendido de nuestras flaquezas y poco a poco ser más sabias.
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  • Otro aspecto que me pareció importante es que si bien es cierto que actualmente existe una infinidad de información a mano, gracias a la tecnología, ésta puede ser un arma de doble filo; porque si bien puede constituirse en ayuda para encontrar soluciones a diferentes problemas que pueden surgir en la crianza de los hijos, también nos pueden confundir por las variadas teorías, incluso contradictorias sobre un mismo tema, he aprendido que aquí el instinto y sentido común deben guiarnos, además ser conscientes que los consejos y tips no aplican para todos los niños porque cada uno es único y gracias a que conocemos muy bien a los hijos podremos saber cuál puede servir o 

  • Finalmente algo que me di cuenta es que compartir esta responsabilidad con la pareja es fundamental, y es aquí donde no podemos confundirnos creyendo que ellos nos tienen que ayudar, porque esto significaría que la responsabilidad es solo nuestra cuando en realidad es de ambos, por tanto ellos deben inmiscuirse buscando las mejores estrategias para ser parte del cuidado de los chicos. No obstante podemos y debemos, aunque personalmente me cuesta mucho, pedir ayuda a otros como ser nuestros padres, suegros, hermanos porque una llega a sentirse agobiada, cansada, deprimida y molesta por querer hacer todo sola, pero si dejamos que nos ayuden nos pueden aliviar mucho y esto nos servirá para cargar energías y continuar con mejor humor y amor nuestras labores cotidianas.


En conclusión, ser madre no es fácil incluso cuando el padre se inmiscuya en el cuidado de los hijos, pero debemos dejar de querer ser perfectas, de esperar que los hijos lo sean también y tener la casa ordenada  e inmaculada, que nada falte y que hagamos todo solas; somos humanas y por lo tanto cometimos y seguiremos cometiendo errores, lo importante es no exigirnos demasiado, disfrutar más, pedir ayuda cuando la necesitemos y seguir trabajando para convertirnos en la mejor madre que podamos ser y así construir junto a nuestros chiquitines recuerdos inolvidables que reconforten su corazón y les sirvan cuando ellos se conviertan en padres.