miércoles, 8 de febrero de 2017

Los Muros de la Exclusión

Un tema bastante comentado no sólo en medios de comunicación sino ridiculizado en redes sociales, en estas últimos días ha sido el proyecto del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de construir un muro que divida la frontera con México. Esta propuesta fue uno de sus ofrecimientos más polémicos, ya en la época de su candidatura y a muchos nos hizo pensar que podría ser una causa de su fracaso electoral; sin embargo hace poco fue posesionado como el nuevo presidente del país más poderoso del mundo. Por lo que la idea de construir este muro se mantiene y parece que pronto se comenzará con este emprendimiento.

La historia nos ha enseñado que este tipo de medidas sólo causan sufrimiento a ambos lados del muro; uno de los más icónicos fue el Muro de Berlín que dividió Alemania durante 28 años y su caída significó uno de los más grandes logros de la historia occidental celebrado en todo el mundo. Será por eso que el actual alcalde de Berlín pide al mandatario desista en su idea de construir el muro con México. Actualmente la división de Corea del Sur y del Norte y la división de dos comunidades, la turca y la griega por un  conflicto de más de 40 años en Chipre son también los argumentos más sólidos para afirmar que los muros sólo excluyen y no solucionan ningún problema, es más sólo lo profundizan.

Leyendo noticias y también posts en Facebook me puse a pensar en lo que significaba y simbolizaba ese muro, no sólo para los ciudadanos mexicanos que tienen familia en Estados Unidos y que el muro para ellos significa mantener a su familia lejos para siempre o aquellos que pensaron viajar allá en búsqueda del “sueño americano”, sino en todos los que no somos estadounidenses, es decir a todos los que quedamos fuera, seamos simples turistas, empresarios, profesionales, etc. Por eso creo que ese muro es sinónimo de exclusión de no dejar entrar al otro, al que es diferente, al que puede afectar mis propios intereses, al que no conozco.  Las razones no han sido completamente contundentes, pues Trump asegura, por ejemplo, que los migrantes, especialmente latinos, son narcotraficantes, pandilleros, etc. Sin embargo según un estudio de la Asociación por una Nueva Economía Americana, el surgimiento de nuevas empresas creadas por migrantes creció un 50% entre 1996 y 2011, mientras que la creación de negocios por los norteamericanos declinó un 10% en ese mismo periodo, por tanto se puede apreciar así los grandes beneficios que trae la migración al país del norte, dando sólo un ejemplo.

Este muro también simboliza la barrera que tiene el actual presidente, frente al “otro” en general, pues es bien sabido su rechazo y discurso en contra o maltratando a diversos grupos y ha sido demostrado con las miles de personas que marcharon hace poco no sólo en Washington sino en otras ciudades e incluso países, exigiendo que respete los derechos humanos de  las mujeres, y de minorías como las personas de color y los homosexuales.

Por tanto, es un ejemplo claro que este fenómeno del muro comienza con una experiencia individual, es decir cuando uno mismo rechaza al “otro” por ser diferente, por no entenderlo, por no tener el valor de enfrentarlo y escucharlo, o muchas veces por temor a mostrar lo que somos y ser rechazados. Entonces este fenómeno debería ayudarnos a preguntarnos, más allá de la política, si nosotros tenemos construido un muro alrededor nuestro que aleja a los demás, que nos sirve de pretexto para pensar sólo en sí mismos y no así en el bien común, y a preguntarnos también ¿cómo afecta mi vida y la de los demás tener este  muro que nos separa?


En este sentido, pienso que lo mejor es hacer lo que hicieron los alemanes, derribar cualquier muro que tengamos construidos a nuestro alrededor y exigir como ciudadanos del mundo que no se construyan otros porque sin muros, sin exclusión se pueden integrar a compatriotas alejados;  culturas diferentes, unir familias alejadas para lograr ser una mejor sociedad y en el caso individual ser una mejor persona porque dejaremos que los demás sean parte de nuestra vida y nosotros de la suya. Señor Trump, nuestro mensaje desde el sur es que no queremos dejar a nadie a fuera porque estamos seguros que el “otro” puede lograr sacar lo mejor de nosotros mismos y también de cualquier país.

Consciencia Ciudadana en Carnaval

La noticia sobre la aprobación del juego con agua en los días de carnaval por el Consejo Municipal de Sucre ha causado reacciones negativas en la población, por ejemplo en redes sociales como Facebook y Whatsaap pude ver post en contra de esta decisión como una que decía: “Degradados a la inconsciencia y la jarana… pobre ciudad, tan bella, con una historia increíble y con tanto daño ahora…” y otra muy interesante “Será que de la forma en que recordamos los sacrificios de animales como ofrendas, los gladiadores, los esclavos que se mataban como espectáculo, algún día nuestros descendientes nos recuerden y digan: ¿festejaban botando agua dulce tratada?... Qué salvajes”. Esto me hizo pensar que nuestra búsqueda de placer inmediato, muchas veces, nos hace olvidar o no ser conscientes de las consecuencias que pueden traer nuestros actos para nuestro futuro y el de próximas generaciones, demostrando así que todavía vivimos una cultura egoísta que sólo piensa en su bienestar y deja de un lado el bien común.
Es cierto que uno debe disfrutar y vivir el presente intensamente, pero esto no quiere decir que tomemos decisiones que dañen a los demás o a nosotros mismos; el año pasado, hace unos cuantos meses atrás, la ciudad sufría de escases de agua preocupante y parece que este problema ha sido olvidado, primero por nuestras autoridades y puede serlo por nosotros si festejamos estos carnavales como si el hecho no existiese o ya se hubiera solucionado.
Nada más lejos de la realidad, pues si bien las autoridades municipales avanzaron en proyectos que solucionen el tema como el proyecto Sucre III, el cual permitiría incrementar el caudal de agua mediante la construcción de dos túneles, evitando así derrumbes que interrumpían el suministro; o la anunciada construcción de una represa en la zona de Cachimayu, uno de los principales afluentes del río Pilcomayo que está ubicado a 15 kilómetros de nuestra ciudad, para abastecer con agua potable a la población. Sin embargo, estos proyectos fueron anunciados hace varios años atrás y todavía no son una realidad por lo que no pueden ser considerados como una solución a corto plazo.
Por tanto, la aplicación de la resolución del Consejo Municipal sería además una falta de solidaridad con las familias de los barrios alejados de nuestra ciudad, pues ellas todavía están sufriendo el desabastecimiento del líquido elemento, teniendo horarios restringidos en los que pueden contar con agua; al igual que los hermanos departamentos de La Paz y Potosí. ¿Cómo es posible que habiendo gente en Sucre y en Bolivia que no tienen agua para cocinar o asearse nosotros la desperdiciemos en un juego?

Uno de los argumentos de los Consejales fue que el juego con agua es una tradición sucrense difícil de evitar y en parte es cierto, las tradiciones, especialmente en Latinoamérica son importantes porque contribuyen a la construcción de nuestra identidad; también es cierto que son acciones que pueden ser repensadas desde una perspectiva de nuestras actuales circunstancias como sociedad y nuestra realidad ambiental. Aquí podríamos preguntarnos, en cuatro días cuántos litros de  agua desperdiciaremos en los juegos carnavaleros? ¿Cuántas familias podrían ser abastecidas con esa cantidad? Aunque el agua no sea bebible, ésta puede ser usada en la limpieza y aseo de los hogares. Otro argumento también es que con la venta de globos algunas familias obtienen recursos económicos, mi pregunta aquí sería: ¿Estas mismas personas están conscientes de cuánto podría afectar a un desabastecimiento general de agua su actividad mercantil?

Pero aún tenemos tiempo, siempre he pensado y lo he expuesto en anteriores entregas de esta columna, no podemos sólo esperar a ver lo que hagan las autoridades, cada uno de nosotros puede aportar con su granito de arena, si contribuimos no jugando con agua este carnaval, explicando a nuestros pequeños la importancia de pensar en los demás y no sólo en nosotros, si no compramos globos con agua y si podemos convencer a más gente que no lo haga estaremos contribuyendo a la solución del problema. Por otro lado creo que lo mejor de las tradiciones es el Carnaval de Antaño que no tiene nada que ver con agua sino con verdaderas costumbres sucrenses como la música y el baile que podemos disfrutar sin afectar a otros. Pienso que sólo así podremos ser recordados como una sociedad o ciudadanos que no se dejaron llevar por intereses mezquinos y egoístas y que a pesar de las tradiciones nos pusimos en los zapatos de los demás siendo solidarios y así contribuimos para que el líquido elemento no sea un derecho sólo de algunos sino de todos.

“Trata A Los Demás Como Quisieras Que Te Traten”

Ayer tuve una agradable sorpresa al subir a un micro de la línea 3 que me lleva desde mi casa al centro, entrando al mismo,  el conductor me saludó cordialmente, no puede dejar de ver lo limpio y nuevo que estaba el micro, y  recorriendo la ruta, el chofer seguía saludando y despidiendo con un “que tenga un buen día” a todos los que bajaban, sean éstos personas mayores, niños, jóvenes o adultos mayores, señores del campo u oficinistas; además no paraba en cualquier parte, respetaba las paradas explicando a los usuarios que era peligroso parar en media calle; qué agradable se me hizo todo el viaje, viendo la amabilidad y la energía positiva de este servidor público, porque eso son los chóferes de micro aunque no lo parezcan.

Lamentablemente esta buena experiencia no es el pan de cada día para quienes tenemos que transportarnos en micros diariamente. Este hecho resalta más aún cuando existe una nueva amenaza de los sindicatos de transporte de un alza de los pasajes arguyendo que han subido los costos de mantenimiento de sus movilidades; sin embargo no son conscientes que si exigen este aumento, necesariamente debería ir acompañado de un mejoramiento de todos sus servicios para tener una razón de ser.

Este mejoramiento de los servicios no puede sólo limitarse al aspecto físico de sus movilidades, es decir limpieza, que funcionen las ventanillas, que se mejoren los asientos, etc. Sino también que mejore el aspecto humano, es decir el trato a los pasajeros.  Cuántas veces vi como un mal conductor no paró para que suba una madre con su hijo prescolar porque el niño no paga pasaje, o una persona de la tercera edad porque sube muy lentamente y más aún escolares porque su pasaje es menor que el de una persona mayor. De la misma forma vi cómo no quieren devolver el cambio a los más pequeños tratando de aprovecharse de su inocencia, también vi cuando entra una mujer embarazada o adultos mayores, no tienen la paciencia de esperar unos segundos para que tome su ubicación respectiva, pudiendo provocar una caída estrepitosa de estos pasajeros.  También en muchas ocasiones se enojan cuando no se tiene las monedas del costo del pasaje, qué decir si algún pasajero se equivocó de micro por lo que pide bajar y que le devuelvan el pasaje; finalmente lo más común es considerarnos como animales de carga al llenar el micro hasta que no entre ni un alfiler, sin tomar en cuenta la incomodidad que causa esto a todos los que están dentro. Estas son sólo algunas de las situaciones que se dan al interior de los micros y que son de total responsabilidad de los conductores.
Sin embargo también como pasajeros tenemos que ser autocríticos, tenemos una cuota de responsabilidad en el trato que nos dan estos conductores, primero, debemos exigir  nuestros derechos, al hacer uso de un servicio para el público, que debe regirse por normas ya establecidas, por las autoridades correspondientes.

También obramos mal al pedir que pare en media calle porque nos deje más cerca de nuestro destino o cuando queremos subir en cualquier lugar nosotros incumplimos con las normas, cuando entramos con comida al vehículo y botamos basura en él o ensuciamos el interior de este transporte, de alguna forma estamos contribuyendo a un mal servicio y así podríamos continuar, pero no obstante será imprescindible para negociar esta alza de pasajes el  buscar soluciones profundas tomando en cuenta el aspecto humano y no simples argumentos basados en números.


“Trata a los demás como quisieras que te traten” pienso que esta es la frase que debería ir pegada en cada una de las movilidades del servicio público, porque es un mensaje no sólo para el conductor sino también para los pasajeros, pues si ambos saludan, si ambos tienen cuidado con su higiene personal y con la limpieza del vehículo todos serán los beneficiados, de la misma manera si ambos conocen las reglas del transporte público y las cumplen no existiría un desorden y anarquía en nuestras calles, siempre debemos ver al otro como un ser humano teniendo en cuenta la forma de tratarlo, es decir con respeto y consideración. Por tanto, es importante que cada uno ponga su granito de arena para mejorar este servicio, sólo así conseguiremos el bien común para todos. El tema económico es atribución de las autoridades y los dirigentes, que esperamos tomen en cuenta el trato a los pasajeros y no sólo el beneficio monetario en su proceso de negociación. Así les propongo que en el uso diario de este servicio sigamos formando mejores ciudadanos y personas con nuestro ejemplo.

Dignidad Humana y Trata de Personas

Desde hace unas semanas dos noticias alarmantes quedaron en mi cabeza, la primera un reporte de una cadena internacional que denuncia la trata y tráfico de personas a través de la frontera  en Villazón. La segunda, el caso de tres niños bolivianos explotados en Chile como peones agrícolas; por lo que decidí investigar  el tema mediante internet y el resultado todavía fue más alarmante. En la misma semana cuando todo el mundo está muy contento disfrutando del Dakar, se registrarán 10 casos de trata y tráfico de personas en Bolivia, este flagelo mueve más de 30 millones de dólares y el 97% de las víctimas son mujeres.

No hay duda de que esta es una realidad que se vive a diario en nuestro territorio a pesar de contar con una Ley Integral contra la trata de personas desde el 2012; pero principalmente debemos pensar que es un fenómeno que nos deshumaniza de varias formas: las víctimas son consideradas como simples objetos de compra y venta; los victimarios no consideran que como consecuencia de sus actos pueden causar la muerte de sus víctimas. Así les propongo reflexionar sobre 4 aspectos de este problema, que nos mostrarán un panorama más completo de sus causas y desembocarán en su prevención.

VÍCTIMAS: Familias de escasos recursos económicos e incluso del área rural que al recibir una oferta de trabajo para sus hijos en una ciudad o en otro país, la toman como una gran oportunidad; en otros casos, los propios progenitores  venden a sus hijos para salir de un apuro económico; además en las urbes otras víctimas con engaños son capturadas;  el dato que debe primar aquí es que son las mujeres, adolescentes, niñas y jóvenes las más vulnerables.

VICTIMARIOS: Es triste pensar que existe gente en el mundo dispuesta a arrebatar la libertad y la dignidad a las personas solo para ganar un poco de dinero. Cabe resaltar que además su trabajo es en red y dentro de ellas cuentan con integrantes que trabajan dentro de instituciones gubernamentales, funcionarios corruptos, ya que de otra forma sus actividades no podrían resultar efectivas.

AUTORIDADES: A pesar de existir medidas legales como la Ley, parece ser que lo único que se ha avanzado es  contar con más casos visibilizados en el país; sin embargo todavía muchas de nuestras fronteras no cuentan con un control más  eficiente para evitar este tipo de hechos y en cuanto a políticas de prevención, personalmente sólo he visto algunos mensajes en medios de comunicación y alguna que otra actividad.

FAMILIARES: La pobreza, sumada a la falta de oportunidades educativas y laborales en el área rural se convierte en la causa por las que muchos padres envían a sus hijos con extraños a trabajar. Por otro lado, el desconocer que nuestros hijos tenían una relación virtual a través del Facebook con una persona que pudo llegar a convencerles de abandonar su hogar es una señal de cuan poco los conocemos, nos comunicamos  y del escaso tiempo que les dedicamos hasta que ya es demasiado tarde.

PREVENCIÓN: Si bien la prevención de los casos en el área rural depende de informar y educar a los padres y a los jóvenes, en el caso de las urbes, los padres tendremos que estar más atentos sobre lo que hacen nuestros hijos en su vida cotidiana como en su actividad en Internet. Entonces no es sólo conocer que nuestra niña de 13 años tiene su página en Facebook, sino saber qué publica en ella, quiénes son sus amigos, quiénes la siguen, qué comentarios se publican, etc.  Lo mismo pasará en el Whatsaap, deberemos estar atentos a comportamientos compulsivos  de conversaciones por este medio; por tanto tendremos que manejar, queramos o no, la tecnología y todo lo que esta conlleva para estar a la par con nuestros hijos. Pero algo que es de real importancia es ir construyendo una relación de confianza con nuestros hijos, es decir si nosotros desde pequeños aprendemos a escuchar lo que ellos tengan que decirnos aunque no sea algo importante para nosotros, lo es para ellos, y así lograremos que cuando tengan dudas o problemas acudan a nosotros para recibir una orientación o consejo y no a terceros.


Para finalizar y a modo de conclusión de todo lo reflexionado, es que todos tenemos que ser conscientes que muchos son los peligros que corremos nosotros y nuestros seres queridos, pero que si enseñamos desde pequeños a los niños la importancia de la dignidad humana, de uno mismo,  o de cada persona con la que nos topamos en la vida, estaremos previniendo cualquier flagelo porque estaremos formando ciudadanos que exigirán el respeto a su propia dignidad y a la de los demás construyendo así una sociedad más humana.

Un Nuevo Año, Una Nueva Oportunidad

Una vez más me gustaría conversar con ustedes a cerca de  las fiestas de fin de año, específicamente año nuevo, hace una semana me planteé el reto, y se los pasé a ustedes también, de vivir enfocada en el presente; y hace dos semanas atrás reflexionamos sobre cómo conseguir la felicidad sin pensar en lo material. Ambos temas me hicieron pensar sobre los nuevos comienzos porque tengo una razón bastante personal y es que en unos días nacerá mi segundo hijo y estoy segura que mi vida volverá a cambiar drásticamente; así me di cuenta que no puede existir un comienzo sin un final, para que comience un nuevo año tenemos que despedir el anterior, por eso nos esforzamos tanto en participar en los rituales de fin de año, ir a una fiesta, comer un plato especial y seguir tradiciones de todo tipo. Todo con la esperanza de tener la opción de empezar de nuevo,  que los nuevos 365 días nos traigan todo tipo de oportunidades, pero pienso que una de las más importantes debería ser la libertad de dejar el pasado olvidado, de cerrar círculos en los que hemos estado transitando durante mucho tiempo y que no aportan nada ya a nuestra vida, esto incluye relaciones amorosas destructivas, amistades tóxicas que llenan de negativismo nuestra vida, algunos malos hábitos y especialmente el pensar sólo en nosotros mismos. Sólo después de cerrar esos círculos podremos concentrarnos en lo que verdaderamente puede hacernos felices.

Entonces ¿qué es lo que puede hacernos felices? Algo que he leído en libros, artículos y hasta en post de Facebook es que la felicidad es una decisión, que no depende de lo que nos rodea sino de la actitud con la que nosotros enfrentemos cada minuto de nuestro presente, por lo que depende completamente de nosotros ser felices, pero como lo comprobaremos en la práctica, no es tan sencillo como simplemente manifestar este deseo. Muchas veces cuesta, a mí especialmente, por ejemplo decidir qué es lo que queremos o no en nuestra vida, si estuviéramos seguros de esto, podría ser la luz que nos guíe  en la toma de nuestras decisiones y nuestras acciones cada día.

A pesar de todo creo firmemente que la aseveración del escritor argentino, Mamerto Menapace, Monje Benedictino que es una inspiración para cada uno de nosotros en la búsqueda de un camino propio hacia nuestra decisión de ser felices cada día. Él afirma que “…a esta vida venimos a tres cosas: aprender a amar, dejar huella y ser felices”.

Saber amar es algo que damos por sentado, sin embargo si lo pensamos bien ¿quién nos enseñó, cómo lo hizo, dónde? Muchos de nosotros venimos  de familias en las que el amor no era un tema que se practicara continuamente, ni siquiera sólo con el ejemplo, y menos aún el amor a uno mismo. Muchos aprendimos amar recién con nuestra pareja y nuestros hijos, por lo menos yo siento que todavía estoy en el proceso de aprender a amarme a mí misma; y es tan cierto que sólo a partir de amarnos podremos amar a los demás, así que mi camino continua.

En cuanto a dejar huella,  este concepto lo tenemos tan tergiversado, pensamos que sólo teniendo mucho dinero, o un puesto de poder, o éxito en nuestra vida profesional podremos dejar una verdadera huella; sin darnos cuenta que existen otras formas más espirituales por la cuales esa huella puede ser más profunda aún, por ejemplo: formando a nuestros hijos para que sean hombres y mujeres de bien que quieran cambiar al mundo para que sea más justo y equitativo para todos los seres humanos; compartiendo junto a los demás con amor, haciendo que la vida de otro ser humano sea mejor; contribuyendo a dejar un medio ambiente más limpio a las nuevas generaciones, o cosas más simples como dejar siempre con una sonrisa a la persona con la que te topes en tu camino, enseñando a amar a nuestros hijos, convirtiendo nuestro hogar en el mejor lugar para descansar  y participar en las actividades de la familia con nuestros seres queridos y así podríamos seguir y seguir.


Finalmente tenemos que ser felices, para lo cual, debemos ser conscientes que esta decisión de cada mañana cuando despertamos no nos alejará de los problemas, de las crisis y los contratiempos, pero contribuirá a cultivar una mejor actitud para afrontarlos, uno por uno, sin estresarnos ni sentirnos ansiosos. Este nuevo concepto de felicidad nos hará entender también que no podemos ser felices solos sino que compartiendo este sentimiento se duplicará y seremos más felices aún, dejemos fluir la felicidad en nuestra vida y en la vida de los que nos rodean estos nuevos 365 días del 2017. ¡Feliz año Nuevo! 

Vive la Felicidad Hoy

Sólo faltan cinco días para que termine el 2016, y como todos los fines de año yo me planteo hacer una evaluación, me imagino que a muchos de ustedes les pasa lo mismo: repasar lo bueno y lo malo que nos ha pasado durante estos casi 365 días, nuestros mayores logros, nuestros fracasos, nuestras tristezas, nuestras pérdidas, lo que aprendimos y lo que nos hizo felices. Creo que es buen momento para realizar este conteo porque el nuevo año nos brinda la posibilidad de empezar de nuevo. Sin embargo, esta vez quiero plantearme un reto más ambicioso que me gustaría que compartan conmigo. Seguro se preguntarán ¿por qué deberían hacerlo? Espero poder convencerles a lo largo de este artículo.

Empezaré proponiéndoles  que nos hagamos algunas preguntas ¿Cuántas veces en el año nos hemos sentido estresados, superados por los problemas y las preocupaciones de la casa y de la familia? ¿Cuántas veces nos hemos deprimido por no poder encontrar soluciones a todo lo que nos pasa? ¿Cuántas veces nos sentimos alejados de nuestros seres queridos, con los que hasta tener una conversación parece difícil? ¿Cuántas veces nos hemos sentido culpables por lo que hemos hecho antes o nos hemos sentido muy ansiosos por lo que va a pasar en el futuro?

A mí me ha pasado todo esto durante este 2016, por eso traté de averiguar, leer y preguntar cuáles podrían ser las causas y la respuesta que más me convenció fue que no viví mi presente (el momento) conscientemente. Pero se estarán preguntando qué significa esto, no parece un gran descubrimiento y por otro lado puede sonar como un planteamiento religioso. Sin embargo puedo asegurarles que es simplemente la adopción de un hábito tan positivo que puede cambiar nuestra vida y la de los que nos rodean.

Para poner en práctica este hábito, en este nuevo año, primero tenemos que ser conscientes de algo muy importante: a pesar de todo lo que nos han hecho creer “no podemos (o ya no tenemos que) hacer nada con el pasado, todo lo que hicimos o no, lo que dijimos o no, no lo podemos cambiar a pesar de que los pensemos y los repasemos y si fueron tiempos buenos tampoco podemos revivirlos; ni podemos hacer algo con el futuro imaginándonos lo que podría pasar o sintiéndonos ansiosos por lo que no controlamos; entonces sólo nos queda concentrarnos en vivir enfocados en el presente, viviendo un día a la vez, como me diría un amigo “de cada minuto bien vivido dependerá nuestro pasado y futuro feliz”.

Entonces, ¿qué beneficios puede traernos el vivir enfocados en el presente? Primero que nos ayudará a superar el estrés y afrontar mejor los problemas porque no trataremos de resolverlo todo al mismo tiempo, sino que nos concentraremos en uno primero, estando frente a frente con el problema sin que nada más exista y luego recién podremos concentrarnos en los siguientes, siendo conscientes que si esos problemas son parte del pasado o del futuro no podemos hacer nada. Segundo, enfocándonos en una tarea, en una actividad lograremos vivirla tan intensamente que podremos ser más productivos en nuestras actividades laborales como familiares.

Tercero, viviendo el presente en nuestras relaciones con otras personas lograremos una mejor comunicación con ellas porque estaremos verdaderamente escuchándoles, siendo conscientes  de lo que respondemos y ellas lo sentirán. Por último al vivir enfocados en el presente, en cualquier actividad que hagamos, nos sentiremos alegres y agradecidos por el sólo hecho de poder hacerlo, porque cualquier cosa puede ser una maravillosa experiencia y convertirse en un milagro. En síntesis viviendo intensamente cada momento de nuestras vidas, podremos ser mejores personas que contribuirán a que el mundo sea mejor.

Entiendo que no parece una tarea muy difícil, pero seguro, como me ha pasado a mí, si lo practican, se darán cuenta que controlar nuestra mente no es tan sencillo, especialmente no pensar en el pasado que ya no volverá y el futuro que no sabemos que nos deparará; es lo que más me cuesta. Pero lo importante es no frustrarse cuando lo hagamos, sino simplemente ser conscientes que haciéndolo no llegamos a ningún lado, y debemos volver de nuevo a enfocarnos en el presente.

Como todo nuevo hábito para introducirlo en nuestra vida diaria tenemos que practicarlo todo el tiempo, mientras uno trabaja, está cuidando a sus hijos, leyendo un libro, cenando con la familia, disfrutemos cada uno de estos momentos como si fuera lo último que haremos en nuestra vida, así hasta los sabores serán más intensos y por supuesto los sentimientos como la felicidad serán mejor experimentados cada día de nuestro año y así la compartiremos con los demás convirtiéndonos en parte del todo.   

¿Eres Feliz en Navidad?

¿Eres feliz en Navidad? Esta es una pregunta que probablemente muchos nos hemos hecho cuando se acerca diciembre, los más pequeños, seguro nos responden que sí, porque los regalos que recibirán en estas fiestas son su gran ilusión. Pero para los más grandes esta pregunta puede tener más significados. En los medios de comunicación, desde los noticieros hasta las películas nos bombardean con el ideal de vivir la experiencia perfecta de la Navidad, este cuadro que nos venden se describe así: Un hogar con toda la familia feliz y sonriente, al lado de un árbol perfecto, que tiene alrededor miles de regalos, todos esperados, y con un banquete delicioso esperando en la mesa. Entonces desde muchas semanas atrás nos planteamos como meta esa felicidad de publicidad que tenemos que experimentar si o si en estas fiestas.

Pero qué pasa: ¿si nuestra familia no está unida? ¿Si hemos sufrido una pérdida irreparable? ¿Si vamos a pasar las fiestas solos? ¿Si el año ha sido tan malo que no tenemos ni un solo regalo para compartir? ¿Si apenas nos alcanza para un almuerzo sencillo? Y más allá de nuestra situación ¿qué hay de la situación de quienes nos rodean? como de aquellas personas que llegan del campo a pedir ropa, comida y regalos; entonces vemos cuadros de niños muy pobres viendo con verdadero asombro y antojo las vitrinas de tiendas con juguetes o la comida de los transeúntes; o la realidad de personas que tal vez están lejos pero que están viviendo verdaderos holocaustos como en la ciudad de Alepo, donde la guerra no sólo ha matado personas sino esperanzas e ilusiones.

Así con todo esto, ¿cómo podemos experimentar felicidad en esta época?  Por eso será que esta época del año, para mí gusto, es una de las más contradictorias, si bien es cierto que está llena de esperanza e ilusión por las fiestas,  no se puede negar tampoco que es la época en la que la pobreza y depresión de muchas personas resalta de sobremanera.

Aquí es donde les planteo reflexionar sobre el verdadero sentido de la felicidad, las grandes transnacionales nos han hecho creer, por los medios de comunicación y la publicidad especialmente, que este sentimiento sólo se lo puede alcanzar a través de cosas materiales, en especial en esta época con muchos regalos, pero en realidad ¿qué te puede hacer feliz en Navidad?

No les pido que olviden sus compromisos con sus seres queridos, yo misma no podría dejar de regalarle algo a mi hijo, pero sí les propongo, este año hacer algo diferente y tomando en cuenta las investigaciones científicas que afirman que se puede conseguir la felicidad a través de la experiencia de dar y compartir con los demás, no sólo compartiendo con nuestros seres queridos, sino con extraños que de verdad lo necesiten y hacer esto con verdadero amor. Pero ¿qué significa esto? Pues estudios realizados en la Universidad de Ámsterdam dan cuenta que las personas más satisfechas con sus vidas, es decir las que afirman ser más felices no se concentran en lo material sino en experiencias nuevas de vida. 

Basados en este estudio, porque no nos atrevemos este año a dejar experimentar a nuestro corazón la felicidad de construir un vínculo de amor desinteresado con otra persona dando y compartiendo, no importa si ése otro es cercano a nosotros o no. Animémonos a ser parte de las muchas campañas solidarias que organizan instituciones como “Calentando Corazones” o en la iglesia de su barrio, invitemos a comer a alguien que pasará solo estas fiestas; perdonemos a alguien que nos hizo daño, visitemos un enfermo o un adulto mayor que no tiene familia, regalemos a nuestros seres queridos tiempo y cariño, demos una nueva oportunidad a una mascota que está por ser sacrificada y adoptémosla. Les aseguro que cualquiera de estas experiencias puede cambiar absolutamente nuestro significado de felicidad en Navidad, pero si además logramos que esta generosidad de dar y compartir sea parte de nuestro día a día y podemos contagiarla a otros, podremos contribuir al bien común para construir una sociedad mejor.


Así lo único que me queda desear para esta Navidad es que el compartir con amor sea parte de nuestra felicidad no sólo en esta época sino como un estilo de vida durante todo el año.

El Reto de ser Padres más Humanos

La semana pasada una noticia escalofriante ha inundado los noticieros nacionales, la muerte de Abigail, una niña de apenas siete años de edad, en manos de  su padre y su madrastra. Las crónicas encontradas en los medios impresos y virtuales son desconsoladoras, imaginarse que un progenitor, alguien que dio vida a otro ser, pueda ser capaz de torturar a su propia hija hasta dejarla tan herida, el saber que la niña solo pedía parar de sufrir, maltrata la sensibilidad de cualquiera. Sin embargo, éste no es un caso aislado, pues a 34 asciende el número de casos de infanticidio registrados en Bolivia, de enero a noviembre de este año, informó el Fiscal General del Estado, Ramiro José Guerrero.

Por esta razón más que reflexionar sobre este caso en particular, creo que lo mejor sería profundizar el porqué de estas conductas deshumanizadas por parte de padres y madres de familia, en contra de seres que están bajo su patria potestad, su responsabilidad, su cuidado y protección y especialmente  que deben recibir el  más grande amor de sus progenitores. En este sentido múltiples y diversas pueden ser las causas de estas conductas.

Desde esta realidad, pienso que podemos partir de preguntas tan generales como ¿Cuál es el papel de la sociedad  machista y adulto-centrista en la influencia para que padres y madres ejerzan violencia contra sus hijos? ¿Cuál es la influencia de la formación y el ejemplo que recibieron desde pequeños, estos futuros padres y madres en sus propias familias de origen? Las respuestas parecen obvias, si en nuestra sociedad vivimos una realidad donde el poder ejercido tanto por los varones, pero no sólo ellos sino los mayores en general hombres y mujeres les da la potestad de infringir violencia contra los menores que son más débiles es que estas conductas son reproducidas de lo vivido en diferentes ambientes dentro de la sociedad a lo largo de su vida, pero especialmente dentro de sus familias.
Entonces, una de las raíces aparentes de estas conductas deshumanizantes es la convivencia en una familia disfuncional, sin embargo pienso que hay algo todavía más puntual dentro de la experiencia temprana de estas personas y es la falta de una educación emocional de parte de sus padres y de ellos mismos, es aquí donde les propongo hacernos algunas preguntas personales ¿quién nos enseñó a reconocer nuestras emociones, ya sean positivas o negativas? Pero fundamentalmente ¿cómo aprendimos, si lo hicimos, a controlar, manejar y reencausar las negativas?

Personalmente sólo puedo responder a la segunda pregunta, y es con el ejemplo que veía en casa, porque nadie me habló de aquello ni en mi casa, ni en el colegio, ni en ningún otro ambiente.  Pienso que es la realidad de muchos, haber vivido con padres y madres que no saben controlar sus emociones, que la rabia y el enojo los desborda y se ensañan con sus hijos u otros menores en el ámbito familiar, esto desensibiliza tanto que nos parece normal vivir así y cuando nosotros crecemos y podemos ejercer ese poder sobre otros más vulnerables lo haremos sin pensarlo porque es lo que aprendimos que está bien.

Pero aquí me asalta una pregunta más propositiva ¿cuál debería ser la conducta de nosotros como progenitores frente a nuestros hijos? Un texto encontrado en el internet consideró que describe claramente estos aspectos, que en un apretado resumen más o menos nos expresa lo siguiente: Cierto que  los padres debemos ser adultos, pero no para ejercer un poder sobre los menores sino para poner límites, pero no por capricho sino por salud, seguridad y respeto. Es así que como adulto debo controlar mis emociones, si me desbordo me alejo y me calmo, las controlo para enseñar a controlarlas a mis hijos. Como adulto, no pego, no grito, ni amenazo ni insulto, especialmente a alguien que me quiere, que me necesita y que se mira en mí para saber lo que significa ser adulto, entonces para enseñar a mis hijos arreglo mis conflictos hablando o poniendo distancia o pidiendo ayuda. Como adulto también sé pedir perdón por mis errores y rectificar el daño que haya podido hacer, que nuestros hijos vean pedirnos perdón de corazón les enseñará que no hay nada de vergonzoso en reconocer un error, que todos nos equivocamos y que aceptarlo es la mejor forma de convertirnos en mejores adultos y mejores personas. (https://www.facebook.com/psicologiadefamilias/)


Entonces, parece ser que el reto más importante como padres no está en controlar el comportamiento de los hijos sino el nuestro, y lo más importante nuestras propias emociones, por lo que solo me queda parafrasear a mi amigo Sheriff Hiroshima del Movimiento Humanista cuando dice que “Si mostramos el camino para un mundo más humano, tendremos un mundo más humano”.

Vacaciones y familia

Hoy empiezan oficialmente las vacaciones en escuelas y colegios, en las redes sociales encontramos memes en los cuales se grafican caras de progenitores casi sacándose los cabellos, contrapuestas con rostros de felicidad de profesores que terminaron la gestión escolar. Estas caricaturas no están alejadas de la realidad, pues para muchos padres, entre ellos yo desde hace un par de años, es la época donde comienza una gran preocupación ¿qué hará mi hijo (a) en vacaciones? O siendo más honestos ¿qué haré con mi hijo(a) en vacaciones?

No es fácil responder a esta pregunta, especialmente si eres madre primeriza como yo;  pero también es cierto que es un tema que tenemos que tomarlo con calma y con mucha más flexibilidad de la que pensamos porque estas vacaciones, que son las más largas del año,  pueden ser una oportunidad, para nuestros hijos, no sólo de aprender cosas nuevas sino de construir junto a nosotros momentos inolvidables en familia.

Desde esa premisa, muchas preguntas  pasan por nuestra mente, como padres,  tal vez lo primero será decidir si le inscribo en algún curso o le dejo descansar. Si elegimos la primera opción nuevamente otro dilema se nos plantea al decidir a qué tipo de actividades inscribirles y más si consideramos que cada año aumentan las ofertas en nuestra ciudad, desde cursos de reforzamiento escolar, manualidades, deportes, robótica, idiomas, arte, y otros.

Para esclarecer nuestros conflictos podemos preguntarnos qué beneficios esperamos de cualquier actividad que vayan a realizar nuestros hijos en estos meses, creo que todos coincidiríamos que lo más importante es potenciar sus habilidades y claro si les preguntamos a ellos nos dirán que lo primero es la  recreación, algunos padres, como yo, buscaríamos incentivar su creatividad y otros más osados tal vez, esperarían la vivencia de nuevas experiencias. Teniendo más o menos claro este aspecto y negociando con los pequeños podemos decidir qué actividad fuera de casa sería la mejor para ellos.

Pero yo quisiera reflexionar ahora, acerca del por qué tenemos la necesidad de que lo que hagan sea fuera de casa. Unos inmediatamente me responderían que es la mejor solución para que no se queden solos en casa, es cierto que los chicos tienen vacaciones, pero muchos de nosotros todavía no. Otros argumentarían que en esta época tan competitiva lo mejor es que mientras más jóvenes se capaciten en variedad de áreas mejor.

Todas estas razones son válidas, pero muy en el fondo, me ha costado admitirlo; pero ahora lo hago a través de este artículo, es así que como en los memes del Facebook tenemos temor estar tanto tiempo con nuestros hijos sin usar la televisión y los vídeo juegos para distraerlos. Cuando son pequeños es más fácil controlar las cosas, pero cuando se vuelven demandantes y se aburren tan fácilmente ya no es tan sencillo, especialmente, creo yo, por dos importantes razones: primero que tenemos mucho que enseñarles pero no sabemos cómo hacerlo y segundo desestimamos la importancia de enseñarles cosas simples  como los quehaceres de la casa, justamente pensado que es más productivo que aprendan inglés o computación que a lavar platos, cocinar o arreglar algo en la casa.

Pero algo que no nos damos cuenta es que estas pequeñas actividades que podemos realizarlas en casa y en los feriados de fin de año, les servirán en la vida real, cuando nosotros no estemos y deban vérselas por ellos mismos, además pueden ser preciados momentos en los que podemos compartir tiempo con ellos, conocerlos más, y son también el mejor momento para enseñarles valores como la humildad, el orden, el servicio hacia los demás,  la satisfacción del trabajo bien hecho y en equipo, etc. Cuánto bien podemos hacer a nuestros hijos compartiendo algo que sabemos hacer nosotros y que luego lo recordarán por el resto de su vida, aunque sea a lavar su ropa o a arreglar un enchufe descompuesto.


Aprovechemos este fin de año para crear recuerdos inolvidables con nuestros hijos, no subestimemos cuanto ellos pueden aprender de una charla después del almuerzo, de un paseo por el parque para ver las luces de navidad o de un paseo al campo, de un juego de mesa con toda la familia, esto estrechará más nuestros vínculos y nuestro cariño como familias y contribuirá a formar mejores seres humanos.