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domingo, 19 de noviembre de 2017

Combate la violencia con amor





El 2 de octubre se recuerda el Día Internacional de la No Violencia en conmemoración al aniversario del nacimiento de Mahatma Gandhi, líder del movimiento de la Independencia de la India y pionero de la filosofía de la no violencia.  Este año ha estado antecedido por una noticia que ha impactado a todos los que la vimos en los medios de comunicación, la masacre en Las Vegas, donde murieron más de 55 y están heridas otras 500 personas a manos de un hombre que empezó un tiroteo. Cuando escuchamos este tipo de informaciones nos alegramos de vivir en ciudades relativamente tranquilas y con menos violencia que en países como Estados Unidos; sin embargo tenemos que estar conscientes que la violencia es un fenómeno que tiene muchos niveles y todos son destructivos y afectan a gran número de víctimas. Por ejemplo si bien no vivimos el tipo de masacre masiva que en el país del norte, sí escuchamos todos los días la violencia ejercida, especialmente contra niños, niñas y mujeres de todas las edades; para comprobarlo los reto a ver un noticiero completo cualquier día e ir contando cuántas de las noticias presentadas son referentes a violencia contra estos grupos.

Entonces ¿acerca de qué tendríamos que reflexionar este Día de la NO Violencia? Primero que la violencia no está alejada de nuestro día a día, la vivimos en muchos espacios de nuestra vida, no solo desde el exterior o de parte de otras personas, sino que en algún momento incluso nosotros empezamos con un comportamiento agresivo, por ejemplo cuando perdemos la paciencia y gritamos a nuestros hijos, cuando insultamos, despreciamos o discriminamos a otros, actitudes que luego se pueden convertir en actos violentos, es decir aquellos que se realizan con una intencionalidad. Además nos volvemos en cómplices de la violencia cuando vemos en espacios públicos a alguien que está maltratando de alguna manera a otra persona y no hacemos nada, cuando no nos manifestamos si en el centro educativo de nuestros pequeños hay una pelea entre niños y cuando le aconsejamos a los hijos que pegue a ese compañerito que tanto le molesta por que “tiene que aprender a defenderse”; de todas estas formas estamos contribuyendo a más violencia.

Sin embargo también lo hacemos cuando no enseñamos a los hijos a controlar sus emociones, especialmente las negativas, aquellas que fácilmente se nos van de las manos, como el enojo y la ira, estas emociones que son las responsables de que no se esté completamente conscientes de lo que se hace en el momento de exaltación y que nos pueden llevar a cometer gravísimos errores y si llegan a ser continuas podrán consolidarse en hábitos violentos. 

Por todo esto, en vez de solo quejarnos por toda la violencia que se vive en la sociedad actualmente, esperando que el Estado u otras instancias encuentren soluciones, seamos parte de esa medida, eduquemos niños y niñas sensibles, empáticos y respetuosos con los demás; solidarios, que no se callen si hay que defender a alguien que lo necesite, si hay que denunciar un acto de violencia, porque una educación respetuosa hará la diferencia, pero ¿có
mo podemos lograrlo?, después de reflexionar y leer literatura al respecto puedo decir que la mejor forma es a través del amor, a pesar de ser una persona impaciente y renegona, todos los días trato de ver con más amor a mis hijos, no es fácil, no hay un cambio de la noche a la mañana, es un proceso, pero si no empezamos con pasos pequeños nunca avanzaremos.

Cada día tratemos cariñosamente a los hijos, despertemos y demos un beso de buenos días y al despedirlos a la escuela, al acostarlos y sin tener ninguna excusa, que sepan que expresar amor es la mejor forma de combatir todas las emociones negativas, también es importante admitir los propios errores y disculparnos con ellos cuando perdemos la paciencia, y demostrarles en cada una de nuestras acciones nuestro compromiso por cambiar, así ellos sabrán que pueden equivocarse, que no está mal, pero que el error solo les debe servir para aprender de él y en adelante mejorar.

Pienso que estos dos pequeños y sencillos pasos pueden convertirnos en actores que previenen la violencia desde la raíz del problema, porque está comprobado científicamente que las personas que ejercen violencia de cualquier tipo contra otros es porque, en un alto porcentaje, tienen baja autoestima, vivieron o vieron directamente violencia en su infancia, por tanto construir un futuro con menos violencia en los hogares y en la sociedad está en nuestras manos y corazones como padres. La mejor forma de combatir la violencia es a través de una educación con amor y respeto.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Amistad sinónimo de reciprocidad



Septiembre nuevamente me inspiró para hablar sobre otro tema que nos concierne a todos, tal vez de forma diferente y en niveles distintos, les hablo de la amistad. No sabía que la palabra en sí venía de amor pero pensándolo bien es lógico porque es la interrelación social en la que los individuos comparten un afecto personal desinteresado.

Personalmente a lo largo de mi vida tuve la suerte de contar con muchísimas personas, todas muy buenas amigas, cada una de ellas enriqueció mi vida y espero poder haber hecho lo mismo; muchas se quedaron junto a mí a pesar de no estar físicamente conmigo por lo que las considero amigas del alma. De cada una aprendí cosas diferentes, de mi amiga Neyza, que uno puede encontrar una persona tan parecida a ti que asusta porque eso no pasa seguido, de Nona a ser valiente defendiendo a los que más necesitan y que la generosidad puede ser la alegría más grande en nuestras vidas. Conocí a dos Patys, en el colegio mi primera amiga Paty me demostró su cariño incondicional, especialmente en los momentos más difíciles, incluso cuando nadie más se quedó junto a mí; Paty de la universidad me enseñó que podía confiar absolutamente en ella porque nunca me juzgaría. Nurit con su calidez y luz me sigue apoyando y guiando; con mis amigas Marcela y Madaí compartimos diferentes etapas de nuestra vida apoyándonos siempre.

Seguro que ustedes ahora estarán recordando amigas y amigos de la infancia, de  toda la vida; la importancia de no vivir solos es fundamental para cualquier ser humano, de estas interrelaciones depende nuestro bienestar general y especialmente nuestra salud emocional, estudios científicos así lo han demostrado, pues si en la infancia los pequeños no cuentan con amigos y amigas pueden sufrir alteraciones emocionales y les costará más adaptarse a nuevos espacios. Para los mayores tampoco es diferente, ya que el número de personas que viven solas en todo el mundo va creciendo exponencialmente y para ellas las amistades son vitales para no sentirse aisladas, aunque vivir sólo tampoco es una condición definitiva ya que personas casadas o que viven con familiares sufren de esta  misma circunstancia y apoyarse en amistades puede mejorar su vida.

Lo importante aquí es estar conscientes que la amistad en nuestra vida es fundamental, justamente esta mañana leía un cuento de Oscar Wilde que me sobrecogió, su título “Amigo Fiel”, en esta narración el autor contaba cómo puede malentenderse lo que realmente es la amistad y cómo a nombre de ésta alguien puede aprovecharse de quien llama su amigo. Este aspecto negativo de la amistad que transita en una sola dirección con fines egoístas, me recordó el caso de  la señora Tomasita Machaca que fue esclavizada durante más de tres décadas, fue entregada por su padre para cumplir una deuda, es decir que el trabajo no remunerado de 36 años debía pagar una deuda x; aquí debemos ser sinceros con nosotros mismos, ¿éste es el único caso? ¿Acaso no existen muchas niñas y niños entregados a sus padrinos “ricos” para que vivan con ellos cuidando a sus hijos o sirviéndoles como una forma de honrar una amistad y claro, según los padrinos darles una mejor vida que no conseguirían con sus progenitores?

Por todo esto, ahora les reto a preguntarse ¿para qué quieres un amigo?, como yo seguramente muchos dirán para no sentirme sola, para que nos apoyen en momentos difíciles, para compartir intereses, actividades, etc. Si lo repensamos la mayoría son razones egoístas solo pensando en nuestro bienestar, por eso tendríamos que completar la respuesta a esta pregunta añadiendo: para querer a ese amigo, brindarle mi ayuda, estar para él o ella cuando me necesite, así la reciprocidad será completa y por tanto se manifestará en una amistad sincera.

En conclusión es importante no dejar que una amistad se enfríe a pesar de la distancia y el tiempo, porque no es fácil encontrar buenos amigos, de ésos que no desaparecen aunque sean malos tiempos y que más bien están firmes a tu lado, de los que se alegran por tus logros y tu felicidad compartiéndola sinceramente; pero también de los que te dicen la verdad aunque no te guste o no sea lo que esperas, todo por ayudarte. Así la amistad debe ser un aspecto de nuestra vida que nos ayude a ser mejores seres humanos, que nos aliente a construir conjuntamente el bien para todos, y no sólo nuestra; que ilumine nuestros días obscuros aunque sea solo con la presencia del otro y nosotros también seamos luz para ellos, porque la amistad la podemos vivir dentro de nuestra familia con nuestros hermanos, con la pareja, porque su base de correspondencia contribuirá a mejorar todas nuestras relaciones. Hagamos más amigos, abramos nuestro corazón y nuestra vida a más personas, porque “La amistad es el más bonito de los regalos de la vida”.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

El amor que transforma



Septiembre me da la excusa perfecta para hablar sobre un tema del que he querido reflexionar desde hace mucho tiempo: “el amor”, pero no necesariamente del romántico en el que todos piensan cuando se nombra esa palabra, sino el amor como ese sentimiento que se convierte en el motor de las acciones más increíbles de los seres humanos y de los animales, pero también que se traduce en pequeños milagros cotidianos que a veces pasamos por alto.

Coincidentemente esta semana en las redes sociales pude leer pequeñas historias de amor que me confirmaron que este sentimiento puede manifestarse de tantas formas distintas que asombra a cualquiera, cada historia era contada por su protagonista; las que más recuerdo fueron la de un joven que estudiaba lejos de casa, se enfermó y  su padre  viajó en auto dos horas para trasladar a su hijo enfermo desde la universidad a su residencia a treinta minutos de distancia, llevándole una sopa caliente y mermelada hecha por su mama, regresando más tarde de nuevo conduciendo durante otras dos horas; o la que contaba cómo un esposo había trasladado 50 lápices de colores de su esposa, desde su escritorio hasta una mesa en su dormitorio, en el exacto orden que ella dejó para ahorrarle una preocupación.

Así podemos ir describiendo miles de historias más, las que me tocan personalmente al corazón son aquellas en las cuales por ejemplo niños, abuelitos y pequeños animales que estaban desprotegidos, abandonados o enfermos a través del poder del amor de personas cercanas, o de quienes los rescataron transformaron esa realidad cruel en otra en la que la esperanza inunda sus vidas transformando también su estado físico. O viceversa cuando un niño o una mascota gracias a su compañía y amor transforman la vida de personas que se creían autosuficientes o plenas y conocen así la verdadera felicidad que sólo deja el amor.

Todos estos ejemplos nos llevan a pensar en nuestra vida y a reconocer esos pequeños milagros de amor que vivimos cada día junto a los seres queridos, como cuando tu esposo se levanta todas las noches para darle leche a tu bebé para que tú no te despiertes y duermas mejor, o como cuando tu hijo te deja la  última galleta, de ésas que le gustan mucho o tal vez cuando sientes que tus suegros están orgullosos de ti por tus logros, así como cuando a pesar de que te encanta dormir y ni para ir a clases en la universidad te levantabas temprano pero ahora te despiertas a las seis de la madrugada a dar leche a tu bebé y media hora después te levantas para alistar al hijo mayor para la escuela. Cada una de estas situaciones, pueden pasar desapercibidas por la cotidianidad, pero si las reconoces bien son gotitas de amor que fortalecen los vínculos con tus seres queridos y además construyen inolvidables recuerdos.

Además del enamoramiento y la fuerza de la pasión que se desprenden del amor existen otras formas de amor que transforman también nuestra vida, como cuando encontraste el amor de tu vida, también al tener en tus brazos por primera vez a tus hijos después de haberlos esperado nueve meses; en el momento en que regresa un ser querido a salvo de un largo viaje; cuando sientes nuevamente el amor de tu mamá a través de su amor hacia tus hijos; en el tiempo que tu pequeña gatita te sigue por todas partes y no puede dormir si no es a tus pies. Todo este amor te transforma, te llama a ser mejor cada día, a devolverlo a través de la solidaridad con otros que necesitan tu apoyo, tus palabras, tu cariño, aunque no sean parte de tu familia pero que  a través de estos actos movidos por el amor también los transformará y a su vez ellos lo devolverán con otros y así podremos conseguir una cadena infinita de amor transformador.

Lo sé, puede parecer algo cursi, irreal, pero estoy convencida que se puede lograr porque tengo fe ciega en el amor, porque lo he visto transformar vidas, lo ha hecho y sigue haciéndolo conmigo y espero siga haciéndolo con mis hijos y espero que ellos sientan su fuerza a través de todas sus acciones, pero tal vez lo más importante que disfruten de la felicidad que puede dejar este sentimiento no solo si lo sabemos recibir sino especialmente el  dar a los demás, entregando el corazón para transformar el mundo, convirtiéndolo en el mejor lugar donde vivir.



 











jueves, 24 de agosto de 2017

El amor y la sabiduría de los abuelos



Desde mis primeros recuerdos, mi abuelo, para mí, fue un súper hombre, un mago que tenía en una caja enorme fabricada por él mismo, cosas mágicas como botellones de colores inverosímiles, conos de cartón que para nosotros eran los mejores legos y herramientas de toda índole, todo esto sólo podíamos verlo cuando él cuidadosamente abría su caja para arreglar algo en la casa o fabricar algún artefacto que le pedían sus amigos o conocidos. Sus manos grandes y doradas por el sol me impresionaban porque las creía capaz de hacer todo, desde construir casas para las mascotas hasta cultivar hermosas rosas en el jardín. Admiraba de sobremanera su memoria e inteligencia porque se traducía en historias increíbles que inundaban nuestra imaginación, como la vez que comió serpientes y otros animales exóticos cuando fue a la Guerra del Chaco.

Su cariño enterneció mi infancia, él era el que nos llevaba y recogía de la escuela hasta que fuimos adolescentes, pero como mi prima y yo nos cambiamos a colegios diferentes ya no pudo recogernos, creo que ése fue el momento clave en el que recién fui consciente que mi abuelo había envejecido y yo crecido. Él fue la figura paterna de mi vida, por eso cuando murió y no pude despedirme fue el momento más triste de mi vida y hasta ahora de vez en cuando lo sueño, lo veo cuidándome o contándome sus historias interminables.

Soy feliz porque mis hijos, como yo, disfrutan de sus abuelos; debo admitir que con mi primer hijo me dio celos por el amor que le profesaba mi mamá a mi pequeño, pero luego entendí que los abuelos nos vuelven a amar a través de nuestros hijos y que como no tienen la responsabilidad de educarlos, porque esa es nuestra tarea como padres, ellos pueden amar a sus nietos sin presiones ni preocupaciones, además que tienen el tiempo y la paciencia suficientes para brindarles toda la atención y el cariño que necesitan los niños.

No todos tuvimos la fortuna de convivir con nuestros abuelos, de disfrutar de ése amor tierno que es diferente al de los padres, de escuchar los primeros consejos cuando te quedabas solo o cuando te compraban ése juguete que no te darían tus padres porque les parecería un desperdicio de dinero. Es una pena para los que se perdieron todo esto porque además los abuelos son los que nos transmiten los valores y las tradiciones familiares, por eso cuando nos reuníamos en la casa de mi abuelo él nos contaba cómo se cocinaba antes y qué debería tener una buena sopa hecha en casa. Ahora los abuelos de mis hijos les cuentan cómo fue su padre cuando era niño y mi mamá le prepara sus comidas favoritas a mi hijo mayor.

De la misma manera, los abuelos también se sienten muy contentos de poder convivir y ayudar a sus nietos, por ejemplo leía que según estudios realizados por la Universidad de Boston, tener la posibilidad de contribuir en la vida de sus nietos, mantienen jóvenes y activos a los abuelos, previniendo incluso depresiones. Viendo desde la experiencia es cierto, veo la alegría de mi mamá cuando juega con mi hijo, también veo que mi suegro cuando ayuda a mi hijo a hacer algunas tareas y mi suegra mimando a los dos pequeños son muy felices. Pero esto no quiere decir tampoco que nos pasemos de la delgada línea que divide el apoyo del abuso; es decir que nos aprovechemos de los padres y que les dejemos toda la responsabilidad de criar a nuestros hijos. Ellos son una gran ayuda para algunos momentos pero no podemos aprovecharnos de forma egoísta.

En conclusión, pienso que tener la posibilidad de promover una relación estrecha de los hijos con sus abuelos es tan importante para la vida de los pequeños, como de nuestros padres; gracias a estos vínculos los hijos tendrán una identidad familiar más sólida y sus relaciones sociales en el futuro serán mejores y por su parte los padres se sentirán más útiles y valorados por todo lo que saben y esto contribuye a que los padres ejerzamos nuestra misión de mejor forma.


Por eso no perdamos la oportunidad de tener cerca a los padres, no los alejemos de nuestras familias, dejándolos vivir solos o en asilos, el cariño y la sabiduría de nuestros mayores enriquecen la vida en los hogares y brindarles nuestro cariño y respeto es la mejor manera de agradecerles por todo lo que hicieron por la familia y lo que hacen actualmente por nuestros hijos. Su amor es infinito por lo que tenemos que corresponderles de la misma manera, cobijándolos en nuestro hogar y brindándoles los mejores momentos en el final de su vida.

sábado, 12 de agosto de 2017

El difícil oficio de ser mamá



Particularmente esta semana ha sido muy dura para mí como madre, influiría seguramente que mi hijo mayor estuvo resfriado y con tos muy fuerte, que además nos contagió y hubo días en los que todos estábamos resfriados. A eso se sumó que varios días, como no pudo ir al colegio por su enfermedad tuvo que igualarse en casa cada una de las actividades de clase y tareas, pero claro, como no estaba del todo bien no lo hizo con el mejor humor. No sé si fue mi impresión pero mi hijo menor de cuatro meses estuvo más inquieto que de costumbre, sin querer dormir o llorando sin que yo entienda la razón. Tal vez sobrellevar esto no hubiera sido tan duro si es que yo no hubiera sufrido los malestares del resfrío. Como imaginarán todo esto fue llevando mi paciencia al límite y más aún porque la verdad es que tengo muy poca; al sentirme agobiada, cansada y adolorida varias veces  reaccioné negativamente con mis pequeños haciéndoles incluso llorar.  De paso leía artículos donde explicaban la importancia de acompañar con paciencia y amor a los hijos en las tareas, las consecuencias de gritarles a los niños, etc. Todo esto me hizo sentir muy culpable y más aún me hizo cuestionar si mis hijos merecían una madre- a mi parecer- tan mala.

Este fue el punto que me llevó a reflexionar profundamente sobre mi capacidad para ser una buena mamá y debo admitir que todavía no llegué a una conclusión definitiva, pero algunos puntos a los que pude llegar son:

  • Que muchas veces a pesar del gran amor que sentimos por nuestros hijos, la labor de madre puede ser un verdadero dolor de cabeza, salirse de las manos y agobiarnos hasta el punto de querer renunciar, pero a diferencia de cualquier otro oficio ésta no es una opción.

  • Entonces ¿qué nos queda a las madres que no calificamos como las sacrificadas, abnegadas e inmaculadas, que hipotéticamente existen y de las que leemos y escuchamos el 27 de mayo? Lo que yo creo que nos queda es seguir trabajando y luchando para ser mejores, algo muy importante es perdonarnos a nosotras mismas por los errores cometidos, por las lágrimas de nuestros niños y pedirles perdón a ellos también y puedan saber así que sus mamás son humanas y por tanto no son perfectas. Finalmente cada día comenzar de nuevo con la esperanza de haber aprendido de nuestras flaquezas y poco a poco ser más sabias.
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  • Otro aspecto que me pareció importante es que si bien es cierto que actualmente existe una infinidad de información a mano, gracias a la tecnología, ésta puede ser un arma de doble filo; porque si bien puede constituirse en ayuda para encontrar soluciones a diferentes problemas que pueden surgir en la crianza de los hijos, también nos pueden confundir por las variadas teorías, incluso contradictorias sobre un mismo tema, he aprendido que aquí el instinto y sentido común deben guiarnos, además ser conscientes que los consejos y tips no aplican para todos los niños porque cada uno es único y gracias a que conocemos muy bien a los hijos podremos saber cuál puede servir o 

  • Finalmente algo que me di cuenta es que compartir esta responsabilidad con la pareja es fundamental, y es aquí donde no podemos confundirnos creyendo que ellos nos tienen que ayudar, porque esto significaría que la responsabilidad es solo nuestra cuando en realidad es de ambos, por tanto ellos deben inmiscuirse buscando las mejores estrategias para ser parte del cuidado de los chicos. No obstante podemos y debemos, aunque personalmente me cuesta mucho, pedir ayuda a otros como ser nuestros padres, suegros, hermanos porque una llega a sentirse agobiada, cansada, deprimida y molesta por querer hacer todo sola, pero si dejamos que nos ayuden nos pueden aliviar mucho y esto nos servirá para cargar energías y continuar con mejor humor y amor nuestras labores cotidianas.


En conclusión, ser madre no es fácil incluso cuando el padre se inmiscuya en el cuidado de los hijos, pero debemos dejar de querer ser perfectas, de esperar que los hijos lo sean también y tener la casa ordenada  e inmaculada, que nada falte y que hagamos todo solas; somos humanas y por lo tanto cometimos y seguiremos cometiendo errores, lo importante es no exigirnos demasiado, disfrutar más, pedir ayuda cuando la necesitemos y seguir trabajando para convertirnos en la mejor madre que podamos ser y así construir junto a nuestros chiquitines recuerdos inolvidables que reconforten su corazón y les sirvan cuando ellos se conviertan en padres.

Recordar cómo ser niños





¿Alguna vez se han preguntado, si se encontraran en un espacio y tiempo paralelos con su yo niño qué les diría? En un taller al que asistí hace un año atrás nos plantearon esto y nos pidieron más aún, teníamos que escribir una carta que nuestro yo niño nos enviaría, entonces cada uno se puso a recordar qué pensábamos cuando éramos pequeños, qué soñábamos ser y hacer además si todo eso se habría cumplido o no. Una de las cosas que mi yo niña me escribió en su carta fue que me felicitaba por haber alcanzado la meta de salir profesional y tener una linda familia, pero luego la pequeña Eliana me preguntaba cuándo había dejado de disfrutar las cosas simples de la vida y a ser feliz sin tener un centavo en el bolsillo con tan solo la compañía de mis amigas y tal vez lo más importante amar a los demás como son, sin querer cambiarlos. El resultado de este simple ejercicio me hizo reflexionar profundamente sobre mi vida y mis sueños.

Es así que en esta semana que se festejará el día del niño y cuando muchos de nosotros estamos pensando cómo celebrar con nuestros hijos, en sus escuelas o en familia y las autoridades  llenan de elogios y promesas sus discursos en conmemoración a los pequeñitos, volviendo a decir como todos los años que son el futuro de nuestro país y que se trabajan en políticas para prevenir violencia frente a ellos y que vivan una vida mejor; yo  les propongo preguntarnos ¿qué podemos aprender de los niños? Si pueden en sus casas o trabajos hacer el ejercicio de la carta de su yo pequeño a ustedes en este momento, les aseguro que se sorprenderán lo que pueden descubrir.

Personalmente, después de hacer este ejercicio y ver cada día cómo experimenta el mundo mi hijo de seis años  puedo decir que lo que podemos aprender de los niños puede ayudarnos a ser más felices, más humanos. Como mayores pensamos que la vida de los más pequeños es más fácil, más simple y es que en muchos casos es así, porque ellos siempre viven el hoy, no se estancan en el pasado y tampoco se obsesionan con el futuro, por eso cuando se pelean con sus hermanos o sus amigos se reconcilian en unos minutos porque como leí en algún post su felicidad es más importante que su orgullo.

Por tanto, nuestros niños saben hacer muchísimas cosas bien pero lo que mejor hacen es disfrutar de los pequeños placeres de la vida como los días soleados para ir a jugar, los días de lluvia para poder saltar en los charcos de agua, los días de nieve y granizo para jugar con bolas de hielo, el cariño y compañía de sus mascotas, reírse hasta caerse de un chiste una y mil veces. También son fabulosos en ser felices con la compañía de los que aman, como cuando ruegan por un poco de tiempo a sus padres, aunque sea media hora para jugar; saben perdonar de corazón y olvidar el pasado para ser felices, por eso aunque uno les regañe o incluso haya padres que los golpean siguen amando a sus progenitores por encima de todo y vuelven a confiar en ellos al día siguiente.

Así, por otra parte tienen la capacidad de ilusionarse con pequeñas cosas como tener unos dulces esperándolos en casa, lo que será suficiente para borrar un mal día en la escuela o la capacidad que tienen de asombrarse de lo nuevo que conocen y siempre están en contra de las injusticias. Algo que me sorprende siempre es que ellos no hacen ninguna diferencia con otros pequeños diferentes a ellos (por su raza o capacidades especiales), porque son simplemente más niños con los que se puede jugar, solo al crecer van reconociendo esas diferencias y aprendiendo los prejuicios que de adultos los harán discriminar.


Por tanto, a pesar de que los niños son el grupo de edad más frágil y vulnerable, son muchas veces, más valientes y más fuertes que nosotros porque pueden superar situaciones realmente difíciles y a pesar de todo todavía saben sonreír, si pudiéramos como mayores aplicar la mitad de estas habilidades, si pudiéramos recordar cómo ser niños, nos convertiríamos en personas más humanas y más felices, menos egoístas y discriminadores; pudiendo soñar junto a los niños con un mundo mejor en el que ellos puedan vivir cuando nosotros ya no estemos.

jueves, 15 de junio de 2017

El Padre ideal

El Padre ideal


En mi vida no tuve la oportunidad de contar con un padre presente, mi abuelo fue la figura paterna que de pequeña admiré, a pesar de que como todos los de su generación y por sus doce hijos y sus más de quince nietos no tenía mucho tiempo, me brindaba su cariño que confortaba mi corazón, especialmente en estas fechas en las que en la escuela todos celebraban a sus papás. Sin embargo, el resto del año, podía sobrevivir sin un padre a mi lado. Como para muchos mi mamá fue lo suficientemente fuerte, valiente y trabajadora para sacarnos adelante a mis hermanos y a mí; así fue padre y madre para nosotros, pero debo admitir que siempre resentí la ausencia paterna; a veces cuando peleaba con mi mamá, que era seguido, soñaba que mi padre venía a rescatarme, pero nunca lo hizo. Después de toda una vida sin él a penas ahora voy entendiendo el verdadero significado de ser padre esto gracias a mi esposo que es el papá que más admiro y el ideal para mis hijos.
Como mi historia, deben existir miles más, incluso otras más escalofriantes en las que la ausencia del progenitor no es el problema sino su presencia tóxica y enferma. No obstante hay muchos más padres también que aman y acompañan a sus hijos, por lo que concluyo que los padres cumplen una labor trascendental en la vida de todos nosotros y por tanto son los responsables para la formación de personas más humanas o lo contrario, dependiendo del rol que cumplan a lo largo de nuestra existencia.
Pienso que también es cierto que es difícil ser padre hoy porque seguimos siendo una sociedad machista que define la tarea de los progenitores como simples proveedores sin derecho ni obligación a inmiscuirse en la educación y acompañamiento de sus hijos. Esto lo vemos en los colegios, en las reuniones de padres de familia, las madres son casi las únicas que asisten. De la misma forma, es esta sociedad la que lo reprime a manifestar sus sentimientos a sus seres queridos y por tanto no puede enseñar, con el ejemplo, a sus hijos a administrar correctamente sus emociones. Un ejemplo claro es cuando tanto hombres y mujeres reaccionan frente al llanto de los más pequeños diciéndoles que sólo las niñas lloran, que qué van a pensar los demás si los ven así; que cuando los hijos se enojan, los padres se enojan el doble y así muchas más reacciones negativas.
Por estas razones a veces lo mejor que puede hacer un padre es alejarse de la vida de sus hijos para no maltratarlos con su toxicidad. Pero hay también aquellos que de todas formas se quedan y dañan de tantas formas a quienes  debían proteger y amar, así van convirtiendo sus hogares en pequeños infiernos a los que sus hijos no quieren regresar o los van replicando, ellos mismos, en otros espacios como la escuela convirtiéndose en los victimarios y engrosando así el número de personas deshumanizadas que posiblemente reproducirán este círculo de dolor y abuso con sus propias familias.
Pero no todo es obscuro y malo, claro que sí, existen miles de padres amorosos que después de una agotadora jornada de trabajo llegan a sus casas a jugar con sus hijos, que les enseñan con su ejemplo a amar y ser amados; a respetarse a uno mismo y a los demás; a valorar la dignidad humana y a luchar para defenderla sobre cualquier injusticia; aquellos padres que hacen cualquier sacrificio por ver felices a sus niños y también los que se quedan solos porque la madre ha abandonado el hogar o ha fallecido y tienen que ser ellos solos padre y madre al mismo tiempo. Éstos son los padres responsables de dejar su mejor legado en este mundo, personas felices y más humanas que saben que en el amor y servicio a los demás encontrarán una vida plena.
Para mí, entonces, el padre ideal no es aquel que no comete errores, sino aquel que si los comete pide perdón a sus hijos y les enseña a perdonar con amor, aquel que todos los días lucha consigo mismo para convertirse en el mejor ejemplo para sus hijos y el que tiene el sueño no de tener hijos exitosos, sino felices, porque sólo así entenderán el verdadero sentido de la vida. Es a estos padres a los que debemos agradecer, valorar y festejar todos los días y no sólo el 19 de marzo.