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jueves, 15 de marzo de 2018

El Arte forma seres humanos más felices



Esta semana quiero considerar un tema que me estuvo preocupando desde el año pasado, pero que recién ahora puedo reflexionar junto a ustedes. Mi hijo se cambió de colegio y el nuevo establecimiento si bien tiene un alto nivel académico, me parece personalmente, que no le da la suficiente importancia al arte; sin embargo creo que muy pocas o casi ninguna unidad educativa lo hace, porque la mayoría de las autoridades educativas de nuestro país no creen que el arte tenga mayores beneficios para la educación.



En contra posición a estas creencias, estudios científicos han demostrado que en realidad el arte contribuye de diferentes maneras al proceso de enseñanza aprendizaje por lo que su importancia dentro del currículo formal debería ser revisada. El primer argumento para demostrar los beneficios de esta actividad es que a través de los sentidos tiene lugar el aprendizaje, una teoría propuesta por reconocidos pedagogos, María Montessori proponía por ejemplo facilitar el aprendizaje a través de material de la vida sensorial que se constituye- según ella- en mucho más que simplemente materiales de enseñanza y que serían cruciales para una educación integral para los alumnos.



Otros argumentos afirman que a través del arte en todas sus ramas: la música, la pintura, la creación literaria, la actuación y otras manifestaciones se puede contribuir al desarrollo de la concentración, del lenguaje hablado y escrito, de habilidades motoras, de la expresión interior y lo más importante de la creatividad. Aquí nos preguntaremos ¿por qué es importante promover la creatividad en nuestras vidas? La respuesta es que a través de esta virtud los seres humanos podemos convertirnos de consumidores pasivos a constructores activos, creadores de ideas, innovaciones, planteamientos de diferente tipo; también nos ayuda a encontrar nuevas y mejores soluciones a diferentes problemas que encontramos en el cotidiano vivir. Nos proporciona además una visión mucho más amplia y distinta de la sociedad y nos permite mantenernos abiertos a nuevas ideas y corrientes.



Entonces la creatividad es una herramienta, virtud o habilidad que servirá en todos los ámbitos de la vida de nuestros hijos, incluidas las ciencias exactas, aquí recuerdo cuando mi sobrino dando un examen de matemáticas encontró otra forma de llegar a un resultado en una operación aritmética y su profesor calificó como incorrecta la respuesta porque no usó el razonamiento enseñado en clase y más bien él creó uno nuevo, esto me lleva a preguntarme ¿qué estamos enseñando a los niños y jóvenes entonces? ¿A repetir lo que un adulto les enseña? ¿A no pensar por sí mismos? Lamentablemente esto pasa si nos concentramos solamente en métodos expositivos y repetitivos en el proceso de enseñanza.



Una falencia que me animo afirmar es que existe en la mayoría de los centros educativos una metodología repetitiva y poco creativa se da en las materias de música y arte que son las únicas reconocidas formalmente, ¿por qué hago esta afirmación?, pues porque desde mi experiencia sé que los profesores de dibujo, muchas veces son los primeros en decirle al alumno que dibuja mal, lo que lleva a dejar de hacerlo y para cumplir con los trabajos pide a alguien que se los haga, lo que no contribuye en nada a tu formación; en la materia de música simplemente se enseña a cantar los himnos, alguna que otra canción y en algunos casos algún baile para el festival de fin de año.  En estos procesos ¿cuánto de creatividad se puede encontrar? si en estas materias que se constituyen en los pocos espacios de motivación a la creatividad no se cumple con este objetivo ¿dónde podrá perfeccionar su potencial creador innato el niño o joven?  Parece ser que en las escuelas no, a no ser que por una suerte cósmica se encuentren con un maestro de estas materias o de otras que crea fervientemente en el potencial de sus alumnos y a través de la curiosidad innata de los más jóvenes pueda cultivar la creatividad en ellos.



No obstante como padres tampoco podemos deslindar nuestra responsabilidad, pues somos los primeros maestros para nuestros hijos por tanto actividades tan simples como enseñarles a cantar desde pequeños, hacerles escuchar todo tipo de música, especialmente la clásica, motivando a que toquen un instrumento; dibujando y escribiendo con ellos y principalmente dejándoles expresarse a través de estos medios estaremos contribuyendo a su formación integral que repercutirá en su felicidad futura. Quiero aclarar que no pienso que se trate de formar artistas profesionales, sino de hacer del arte parte de la vida de cada niño y joven, de lograr que la sepan apreciar en sus distintas disciplinas artísticas, ya que las inclinaciones de cada uno definirán si se dedican al arte o no.



Entonces, a pesar de los cambios que se han presentado a través de leyes educativas en nuestro país parece ser que todavía las artes son las materias menos apreciadas tanto por autoridades, como por los maestros, alumnos e incluso padres de familia. Sin embargo, para los que creemos en los beneficios que puede aportar en la formación de mejores seres humanos nos toca buscar espacios dentro del hogar o fuera para promover la vocación artística de los hijos, puesto que en la vida no significa necesariamente un éxito el culminar una carrera universitaria que le rinda económicamente, sino encontrar una pasión de vida que le haga feliz.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Las mujeres merecemos ser felices




Una niña en cualquier pueblito alejado ve cómo su madre se ha ido consumiendo por el trabajo en la tierra, el cuidado de su casa, de sus hermanos y cuando piensa en su futuro se le ocurre que éste es el único que le espera. En una ciudad otra pequeña ve a su madre joven concentrada en su trabajo sin tiempo para compartir con ella, casi no la conoce ni se interesa por sus problemas o sus sueños, pero le compra todo lo que desea, el futuro para ella tampoco es alentador.

Estas dos situaciones diametralmente opuestas si bien son extremos no están lejos de ser realidades que se viven actualmente en muchos países latinoamericanos y en este mes, que se recuerda el Día de la Mujer Boliviana y el Día Internacional de la Niña me puse a reflexionar sobre cuáles son las circunstancias determinantes para que una niña que luego se convertirá en una mujer alcance la felicidad.

Coincidirán conmigo que son muchas las circunstancias que atraviesa una mujer en el curso de su vida, desde el lugar donde nace, la familia en la que se cría o la ausencia de ella, el tipo de educación que recibe, las personas con las que se relaciona y lo que espera ella de su futuro. Sin embargo pienso que existe un factor trascendental en la vida de toda persona, pero estoy segura que mucho más en las mujeres y es “la autoestima”.

Ustedes se preguntarán ¿por qué especialmente en la vida de las mujeres? Porque a las mujeres en toda la historia nos han tocado circunstancias muchas más adversas para desarrollarnos, por ejemplo: desde hace unas décadas atrás no se tomaba en cuenta nuestra voz, no teníamos acceso pleno a la educación, ni a las oportunidades para un desarrollo integral. Hoy todavía nos quedan más desafíos, a pesar de los grandes avances que las sociedades en el mundo han dado en el restablecimiento de los derechos de las mujeres.

Por lo que para afrontar estos retos, la autoestima se convierte en un factor que puede marcar la diferencia, es una herramienta fundamental en el camino hacia su realización, es la base para desarrollar una personalidad y carácter fuertes, estables y congruentes que les permitan superar los obstáculos que se les presentarán en la vida.

Imaginemos nuevamente estas dos circunstancias: la misma niña que describí antes, que vive en un pueblito alejado, y a pesar de su realidad tiene una maestra que la ha estimulado en el aula  demostrándole que es única, valiosa e inteligente; ella entonces irá recuperando su autoestima y afrontando con más confianza en sí misma su realidad al creer en ella, por tanto su visión de futuro cambiará positivamente. De la misma forma la niña de la ciudad si tiene la suerte de toparse con una prima, tía, abuela o maestra que fortalezca su autoestima, a pesar de la realidad que vive con su madre, podrá entender que la aman y que tiene todo el derecho de ser amada y por tanto merece todo lo bueno, desde crecer en su desarrollo intelectual sin dejar de lado su vida familiar.

En estas postales de vida observamos la importancia de valorarnos, de amarnos y aceptarnos como somos para afrontar cualquier realidad que nos toque vivir, conociendo críticamente nuestras debilidades, defectos, así como virtudes y fortalezas; siendo mujeres esto significará que la confianza en nosotras mismas contribuirá a superar los obstáculos que todavía encontramos en la sociedad; desde sufrir violencia doméstica a manos de nuestras parejas, tener que dejar el desarrollo educativo o profesional por la maternidad; no ser evaluadas objetivamente en las capacidades profesionales adquiridas en comparación a las de un hombre, por tanto no ganar el mismo sueldo que un colega varón, no poder viajar solas por la inseguridad que esto conlleva y así podríamos seguir llenando páginas.

Si formamos niñas, que luego se convertirán en mujeres con una autoestima alta lograremos que estén seguras de sí mismas, que encuentren soluciones a los problemas que se les presenten y que tengan una mirada  positiva frente a cualquier circunstancia; que la confianza en ellas las impulsen a luchar y conseguir sus sueños; que si cometen errores en su vida no se hundan, sino que aprendan de sus experiencias, que tengan capacidad de tomar decisiones en cualquier ámbito; por tanto sean persistentes y nunca se den por vencidas, porque tendrán la seguridad de alcanzar cada una de sus metas, esto las convertirá en seres felices que tengan la capacidad de ver lo bueno en los demás, en el mundo que las rodea y ayudarán a encontrar ese mismo bienestar a los demás y así trasmitiendo todo esto a sus hijos: hombres y mujeres. Por tanto poco a poco se formarán generaciones de seres humanos felices y plenos que busquen el bienestar común, todo a partir de motivar a que las mujeres tengan una mejor “autoestima” para hacerlas felices, ya que se lo merecen plenamente.

sábado, 12 de agosto de 2017

Ver el mundo con ojos de mamá



En un artículo anterior describí lo difícil que puede convertirse la labor de ser madre, ahora complementando la visión de la maternidad quiero compartir con ustedes lo maravilloso de este oficio, porque como dicen no todo es color rosa, pero tampoco todo es negativo. A pesar de que como madres podemos vivir momentos difíciles; existen otros, maravillosos, llenos de amor y alegría, las satisfacciones también son parte de nuestro día a día, como cuando consigues sintonizar con tu hijo para realizar sus tareas y vamos aprendiendo juntos, especialmente tú vas desarrollando tu  paciencia y aprendes que cada niño tiene su forma y tiempo de aprender, o cuando te dicen que te aman de la luna al sistema solar 390.543 vueltas y se vuelve tu caballero protector, o como cuando tu pequeño se ríe de la mueca que le hiciste y la disfruta más que cualquier cosa, o que cuando llora sólo te busca a ti para calmarse o que sólo duerme tranquilo y feliz entre tus brazos. Todas estas experiencias son las que te regala la maternidad y hacen que tu vida nunca vuelva a ser como antes.

Por todo esto y más la maternidad es una experiencia única y que cambia definitivamente tu vida, cuantas veces vuelvas a ser madre. Personalmente mis dos experiencias han sido procesos en los que he aprendido tal vez más que en toda mi vida anterior. Lo más importante que aprendí en las dos ocasiones que fui madre son las diferentes formas en las que puede expresar y vivir el amor un ser humano. Las formas más hermosas que vivimos a diario las mamis son el desprendimiento absoluto por otro ser fuera de nosotros, pudiendo entregar la vida si fuera necesario; también la preocupación y la necesidad que tenemos todas de enseñar a amar así a nuestros hijos, no solo a nosotras y a su familia sino a todos a su alrededor.

Ser madre dos veces también me enseñó o tal vez debería decir que me confirmó que las mujeres podemos ser más fuertes de lo que nosotras mismas nos imaginamos y esto no es sólo una creencia, leí artículos donde la ciencia explica cómo existen hormonas que regulan los vínculos afectivos, cuyo efecto más sorprendente es el gran desarrollo del área de protección y de eficiencia y ahí se me vienen a la mente muchas historias en las que madres murieron salvando a sus hijos. Este valor también es muy importante en los momentos de crisis, que debo decir son muchos,  aquellos en los que sentimos no poder más, pero volvemos a pesar de todo porque nuestra vida ya no tendría sentido sin nuestros pequeños.

En lo práctico, también aprendí  a ser más efectiva y productiva. Una madre ya sea que trabaje o se quede en casa tiene millares de cosas que hacer y que están bajo su responsabilidad, lo logra a través del aprendizaje de cada día y de la necesidad diaria, priorizando lo urgente sin olvidar lo importante como toda una directora de una transnacional. Por eso es que como madres tenemos la capacidad de cuidar al hijo pequeño mientras acompañamos a hacer las tareas al mayor y en medio tenemos que cocinar o limpiar o tal vez hacer otro trabajo para clientes fuera de casa.

Algo hermoso que aprendí al ser mamá y que ahora nuevamente siento con intensidad es a ser más empática con los demás, pienso que ser madre te da mayor sensibilidad no sólo con otros niños, que a mí me pasa a menudo, pues puedo ver los ojos de mis hijos en cada uno de los pequeños con los que me encuentro, sintiendo una gran ternura por ellos; así pienso que la maternidad nos regala una bondad que antes no experimentábamos por diversas razones, quizás especialmente porque antes éramos más egoístas y es a través de esta bondad por la que podemos entender a los demás de una forma más profunda y espiritual no sólo a través de las palabras sino especialmente por lo que no se dice  porque es así cómo entendemos a nuestros bebés cuando ellos no pueden hablar.


En conclusión la experiencia de ser madre, al enseñarnos valores que nos muestran cómo  ser felices con la felicidad de los demás, cómo poder vivir plenamente a través de nuestros propios sueños pero además a través de los sueños de los hijos, esta situación tiene como consecuencia que podamos ver al mundo de forma diferente, probablemente con más bondad y por tanto nos convierte en mejores seres humanos y eso es lo que nos toca transmitir de vuelta a los pequeños porque éste puede ser el mejor y el más grande legado que podemos dejar en este mundo.

Trabajar para ser felices



La frase de Ernesto Sábato que me inspiró para escribir el artículo de esta semana, dice “Sólo lo que se hace apasionadamente merece nuestro afán, lo demás no vale la pena”, es así que con certeza puedo decir que la mayoría de los trabajos que  tuve tenían esta característica, es decir apasionarme, a tal punto que en uno de ellos, cuando trabajaba en la Fundación Pachamama para ser precisa, mi esposo y yo tuvimos que ponernos la regla de no hablar  sobre trabajo en la casa, porque nos gustaba tanto que se había vuelto tema de conversación a todas horas, buscando la mejor manera de afrontar el cargo. Este apasionamiento que uno logra descubrir en lo que hace es una de las más grandes bendiciones y lamentablemente no todos pueden experimentarla por diferentes razones.

Es una realidad que uno escoge su trabajo por diferentes razones, en países como Bolivia, debido al contexto económico en el que vivimos donde las oportunidades de trabajo no son las mejores y que más bien la economía informal es la predominante; muchas veces la elección se tiene que limitar a lo que pueda redituarnos como para poder sobrevivir. No obstante, no deberíamos quedarnos ahí, nuestro gobierno no debería quedarse ahí porque sólo cuando los ciudadanos trabajen en lo que realmente les hace felices, el país encontrará el camino más corto hacia un verdadero desarrollo.

Estoy segura que uno debe dedicarse o trabajar en lo que verdaderamente le apasiona porque sólo así la labor diaria más que un deber se convertirá en un placer, lo que a su vez repercutirá a que seamos cada vez más productivos y eficientes en cualquier labor en la que decidamos desenvolvernos. Soy consciente que no siempre es posible, especialmente cuando uno tiene una familia que mantener o como hijos ayudar en la subsistencia; pero es nuestro deber encontrar formas de alcanzar los sueños que anhelamos; y más importante aún hacer que el día de mañana nuestros hijos sí trabajen con gusto y no solo por necesidad, pera esto dependerá de nosotros en gran parte al guiarlos y acompañarlos a escoger un oficio o profesión que sea su vocación y los apasione.

Por tanto, un aspecto fundamental para lograr escoger lo que a uno le hace feliz es la vocación, es decir aquella inclinación o interés que sentimos en nuestro interior desde pequeños por una forma de vida o trabajo determinado o tal vez lo que nos vemos haciendo por el resto de nuestra vida. Aquí es importante tener la mente abierta, especialmente si somos padres, porque ha pasado y seguirá pasando que como progenitores tenemos el sueño que los hijos sigan nuestros pasos o sean lo que nosotros no pudimos ser y por tanto cuando ellos manifiestan intereses que no están dentro de nuestras expectativas tratamos de disuadirlos en sus decisiones. A veces los padres solo deseamos que ellos sigan una carrera universitaria,   y si escogen carreras técnicas u oficios artesanales, religiosos y artísticos nos parece que estarán desperdiciando su vida, sin saber que ése puede ser su verdadero camino hacia la felicidad.

Otro aspecto importante en la búsqueda del trabajo que nos haga felices es que muchas veces buscamos hacer sólo cosas extraordinarias, está bien tener grandes sueños, desear ganar premios, ser los más reconocidos, pero no podemos basar la elección de lo que haremos el resto de nuestra vida sólo en estos anhelos, pienso que la felicidad radica en hacer hasta las cosas más simples de forma extraordinaria y eso se logra solo cuando hacemos todo basados en el amor y el servicio hacia los demás, por eso todo lo que hacen las madres cada día por nosotros son pequeños milagros que sólo los apreciamos cuando somos grandes; cuando un artesano crea un objeto hermoso y práctico como un zapato que ayudará a caminar bien a alguien que tenga un problema en los pies y así podríamos ir nombrando más y más ejemplos.


Por tanto creo que es importante que no dejemos que el consumismo, el individualismo y la ambición sean los que marquen nuestro norte y definan en  que vamos a trabajar o nuestra forma de vivir, sino más bien que el horizonte a seguir esté guiado por valores como la solidaridad, el servicio a los demás y el bien común. Así lograremos ser felices con lo que hacemos y lo más importante hacer felices a los demás con nuestra labor cotidiana.

Recordar cómo ser niños





¿Alguna vez se han preguntado, si se encontraran en un espacio y tiempo paralelos con su yo niño qué les diría? En un taller al que asistí hace un año atrás nos plantearon esto y nos pidieron más aún, teníamos que escribir una carta que nuestro yo niño nos enviaría, entonces cada uno se puso a recordar qué pensábamos cuando éramos pequeños, qué soñábamos ser y hacer además si todo eso se habría cumplido o no. Una de las cosas que mi yo niña me escribió en su carta fue que me felicitaba por haber alcanzado la meta de salir profesional y tener una linda familia, pero luego la pequeña Eliana me preguntaba cuándo había dejado de disfrutar las cosas simples de la vida y a ser feliz sin tener un centavo en el bolsillo con tan solo la compañía de mis amigas y tal vez lo más importante amar a los demás como son, sin querer cambiarlos. El resultado de este simple ejercicio me hizo reflexionar profundamente sobre mi vida y mis sueños.

Es así que en esta semana que se festejará el día del niño y cuando muchos de nosotros estamos pensando cómo celebrar con nuestros hijos, en sus escuelas o en familia y las autoridades  llenan de elogios y promesas sus discursos en conmemoración a los pequeñitos, volviendo a decir como todos los años que son el futuro de nuestro país y que se trabajan en políticas para prevenir violencia frente a ellos y que vivan una vida mejor; yo  les propongo preguntarnos ¿qué podemos aprender de los niños? Si pueden en sus casas o trabajos hacer el ejercicio de la carta de su yo pequeño a ustedes en este momento, les aseguro que se sorprenderán lo que pueden descubrir.

Personalmente, después de hacer este ejercicio y ver cada día cómo experimenta el mundo mi hijo de seis años  puedo decir que lo que podemos aprender de los niños puede ayudarnos a ser más felices, más humanos. Como mayores pensamos que la vida de los más pequeños es más fácil, más simple y es que en muchos casos es así, porque ellos siempre viven el hoy, no se estancan en el pasado y tampoco se obsesionan con el futuro, por eso cuando se pelean con sus hermanos o sus amigos se reconcilian en unos minutos porque como leí en algún post su felicidad es más importante que su orgullo.

Por tanto, nuestros niños saben hacer muchísimas cosas bien pero lo que mejor hacen es disfrutar de los pequeños placeres de la vida como los días soleados para ir a jugar, los días de lluvia para poder saltar en los charcos de agua, los días de nieve y granizo para jugar con bolas de hielo, el cariño y compañía de sus mascotas, reírse hasta caerse de un chiste una y mil veces. También son fabulosos en ser felices con la compañía de los que aman, como cuando ruegan por un poco de tiempo a sus padres, aunque sea media hora para jugar; saben perdonar de corazón y olvidar el pasado para ser felices, por eso aunque uno les regañe o incluso haya padres que los golpean siguen amando a sus progenitores por encima de todo y vuelven a confiar en ellos al día siguiente.

Así, por otra parte tienen la capacidad de ilusionarse con pequeñas cosas como tener unos dulces esperándolos en casa, lo que será suficiente para borrar un mal día en la escuela o la capacidad que tienen de asombrarse de lo nuevo que conocen y siempre están en contra de las injusticias. Algo que me sorprende siempre es que ellos no hacen ninguna diferencia con otros pequeños diferentes a ellos (por su raza o capacidades especiales), porque son simplemente más niños con los que se puede jugar, solo al crecer van reconociendo esas diferencias y aprendiendo los prejuicios que de adultos los harán discriminar.


Por tanto, a pesar de que los niños son el grupo de edad más frágil y vulnerable, son muchas veces, más valientes y más fuertes que nosotros porque pueden superar situaciones realmente difíciles y a pesar de todo todavía saben sonreír, si pudiéramos como mayores aplicar la mitad de estas habilidades, si pudiéramos recordar cómo ser niños, nos convertiríamos en personas más humanas y más felices, menos egoístas y discriminadores; pudiendo soñar junto a los niños con un mundo mejor en el que ellos puedan vivir cuando nosotros ya no estemos.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Un Nuevo Año, Una Nueva Oportunidad

Una vez más me gustaría conversar con ustedes a cerca de  las fiestas de fin de año, específicamente año nuevo, hace una semana me planteé el reto, y se los pasé a ustedes también, de vivir enfocada en el presente; y hace dos semanas atrás reflexionamos sobre cómo conseguir la felicidad sin pensar en lo material. Ambos temas me hicieron pensar sobre los nuevos comienzos porque tengo una razón bastante personal y es que en unos días nacerá mi segundo hijo y estoy segura que mi vida volverá a cambiar drásticamente; así me di cuenta que no puede existir un comienzo sin un final, para que comience un nuevo año tenemos que despedir el anterior, por eso nos esforzamos tanto en participar en los rituales de fin de año, ir a una fiesta, comer un plato especial y seguir tradiciones de todo tipo. Todo con la esperanza de tener la opción de empezar de nuevo,  que los nuevos 365 días nos traigan todo tipo de oportunidades, pero pienso que una de las más importantes debería ser la libertad de dejar el pasado olvidado, de cerrar círculos en los que hemos estado transitando durante mucho tiempo y que no aportan nada ya a nuestra vida, esto incluye relaciones amorosas destructivas, amistades tóxicas que llenan de negativismo nuestra vida, algunos malos hábitos y especialmente el pensar sólo en nosotros mismos. Sólo después de cerrar esos círculos podremos concentrarnos en lo que verdaderamente puede hacernos felices.

Entonces ¿qué es lo que puede hacernos felices? Algo que he leído en libros, artículos y hasta en post de Facebook es que la felicidad es una decisión, que no depende de lo que nos rodea sino de la actitud con la que nosotros enfrentemos cada minuto de nuestro presente, por lo que depende completamente de nosotros ser felices, pero como lo comprobaremos en la práctica, no es tan sencillo como simplemente manifestar este deseo. Muchas veces cuesta, a mí especialmente, por ejemplo decidir qué es lo que queremos o no en nuestra vida, si estuviéramos seguros de esto, podría ser la luz que nos guíe  en la toma de nuestras decisiones y nuestras acciones cada día.

A pesar de todo creo firmemente que la aseveración del escritor argentino, Mamerto Menapace, Monje Benedictino que es una inspiración para cada uno de nosotros en la búsqueda de un camino propio hacia nuestra decisión de ser felices cada día. Él afirma que “…a esta vida venimos a tres cosas: aprender a amar, dejar huella y ser felices”.

Saber amar es algo que damos por sentado, sin embargo si lo pensamos bien ¿quién nos enseñó, cómo lo hizo, dónde? Muchos de nosotros venimos  de familias en las que el amor no era un tema que se practicara continuamente, ni siquiera sólo con el ejemplo, y menos aún el amor a uno mismo. Muchos aprendimos amar recién con nuestra pareja y nuestros hijos, por lo menos yo siento que todavía estoy en el proceso de aprender a amarme a mí misma; y es tan cierto que sólo a partir de amarnos podremos amar a los demás, así que mi camino continua.

En cuanto a dejar huella,  este concepto lo tenemos tan tergiversado, pensamos que sólo teniendo mucho dinero, o un puesto de poder, o éxito en nuestra vida profesional podremos dejar una verdadera huella; sin darnos cuenta que existen otras formas más espirituales por la cuales esa huella puede ser más profunda aún, por ejemplo: formando a nuestros hijos para que sean hombres y mujeres de bien que quieran cambiar al mundo para que sea más justo y equitativo para todos los seres humanos; compartiendo junto a los demás con amor, haciendo que la vida de otro ser humano sea mejor; contribuyendo a dejar un medio ambiente más limpio a las nuevas generaciones, o cosas más simples como dejar siempre con una sonrisa a la persona con la que te topes en tu camino, enseñando a amar a nuestros hijos, convirtiendo nuestro hogar en el mejor lugar para descansar  y participar en las actividades de la familia con nuestros seres queridos y así podríamos seguir y seguir.


Finalmente tenemos que ser felices, para lo cual, debemos ser conscientes que esta decisión de cada mañana cuando despertamos no nos alejará de los problemas, de las crisis y los contratiempos, pero contribuirá a cultivar una mejor actitud para afrontarlos, uno por uno, sin estresarnos ni sentirnos ansiosos. Este nuevo concepto de felicidad nos hará entender también que no podemos ser felices solos sino que compartiendo este sentimiento se duplicará y seremos más felices aún, dejemos fluir la felicidad en nuestra vida y en la vida de los que nos rodean estos nuevos 365 días del 2017. ¡Feliz año Nuevo! 

Vive la Felicidad Hoy

Sólo faltan cinco días para que termine el 2016, y como todos los fines de año yo me planteo hacer una evaluación, me imagino que a muchos de ustedes les pasa lo mismo: repasar lo bueno y lo malo que nos ha pasado durante estos casi 365 días, nuestros mayores logros, nuestros fracasos, nuestras tristezas, nuestras pérdidas, lo que aprendimos y lo que nos hizo felices. Creo que es buen momento para realizar este conteo porque el nuevo año nos brinda la posibilidad de empezar de nuevo. Sin embargo, esta vez quiero plantearme un reto más ambicioso que me gustaría que compartan conmigo. Seguro se preguntarán ¿por qué deberían hacerlo? Espero poder convencerles a lo largo de este artículo.

Empezaré proponiéndoles  que nos hagamos algunas preguntas ¿Cuántas veces en el año nos hemos sentido estresados, superados por los problemas y las preocupaciones de la casa y de la familia? ¿Cuántas veces nos hemos deprimido por no poder encontrar soluciones a todo lo que nos pasa? ¿Cuántas veces nos sentimos alejados de nuestros seres queridos, con los que hasta tener una conversación parece difícil? ¿Cuántas veces nos hemos sentido culpables por lo que hemos hecho antes o nos hemos sentido muy ansiosos por lo que va a pasar en el futuro?

A mí me ha pasado todo esto durante este 2016, por eso traté de averiguar, leer y preguntar cuáles podrían ser las causas y la respuesta que más me convenció fue que no viví mi presente (el momento) conscientemente. Pero se estarán preguntando qué significa esto, no parece un gran descubrimiento y por otro lado puede sonar como un planteamiento religioso. Sin embargo puedo asegurarles que es simplemente la adopción de un hábito tan positivo que puede cambiar nuestra vida y la de los que nos rodean.

Para poner en práctica este hábito, en este nuevo año, primero tenemos que ser conscientes de algo muy importante: a pesar de todo lo que nos han hecho creer “no podemos (o ya no tenemos que) hacer nada con el pasado, todo lo que hicimos o no, lo que dijimos o no, no lo podemos cambiar a pesar de que los pensemos y los repasemos y si fueron tiempos buenos tampoco podemos revivirlos; ni podemos hacer algo con el futuro imaginándonos lo que podría pasar o sintiéndonos ansiosos por lo que no controlamos; entonces sólo nos queda concentrarnos en vivir enfocados en el presente, viviendo un día a la vez, como me diría un amigo “de cada minuto bien vivido dependerá nuestro pasado y futuro feliz”.

Entonces, ¿qué beneficios puede traernos el vivir enfocados en el presente? Primero que nos ayudará a superar el estrés y afrontar mejor los problemas porque no trataremos de resolverlo todo al mismo tiempo, sino que nos concentraremos en uno primero, estando frente a frente con el problema sin que nada más exista y luego recién podremos concentrarnos en los siguientes, siendo conscientes que si esos problemas son parte del pasado o del futuro no podemos hacer nada. Segundo, enfocándonos en una tarea, en una actividad lograremos vivirla tan intensamente que podremos ser más productivos en nuestras actividades laborales como familiares.

Tercero, viviendo el presente en nuestras relaciones con otras personas lograremos una mejor comunicación con ellas porque estaremos verdaderamente escuchándoles, siendo conscientes  de lo que respondemos y ellas lo sentirán. Por último al vivir enfocados en el presente, en cualquier actividad que hagamos, nos sentiremos alegres y agradecidos por el sólo hecho de poder hacerlo, porque cualquier cosa puede ser una maravillosa experiencia y convertirse en un milagro. En síntesis viviendo intensamente cada momento de nuestras vidas, podremos ser mejores personas que contribuirán a que el mundo sea mejor.

Entiendo que no parece una tarea muy difícil, pero seguro, como me ha pasado a mí, si lo practican, se darán cuenta que controlar nuestra mente no es tan sencillo, especialmente no pensar en el pasado que ya no volverá y el futuro que no sabemos que nos deparará; es lo que más me cuesta. Pero lo importante es no frustrarse cuando lo hagamos, sino simplemente ser conscientes que haciéndolo no llegamos a ningún lado, y debemos volver de nuevo a enfocarnos en el presente.

Como todo nuevo hábito para introducirlo en nuestra vida diaria tenemos que practicarlo todo el tiempo, mientras uno trabaja, está cuidando a sus hijos, leyendo un libro, cenando con la familia, disfrutemos cada uno de estos momentos como si fuera lo último que haremos en nuestra vida, así hasta los sabores serán más intensos y por supuesto los sentimientos como la felicidad serán mejor experimentados cada día de nuestro año y así la compartiremos con los demás convirtiéndonos en parte del todo.   

¿Eres Feliz en Navidad?

¿Eres feliz en Navidad? Esta es una pregunta que probablemente muchos nos hemos hecho cuando se acerca diciembre, los más pequeños, seguro nos responden que sí, porque los regalos que recibirán en estas fiestas son su gran ilusión. Pero para los más grandes esta pregunta puede tener más significados. En los medios de comunicación, desde los noticieros hasta las películas nos bombardean con el ideal de vivir la experiencia perfecta de la Navidad, este cuadro que nos venden se describe así: Un hogar con toda la familia feliz y sonriente, al lado de un árbol perfecto, que tiene alrededor miles de regalos, todos esperados, y con un banquete delicioso esperando en la mesa. Entonces desde muchas semanas atrás nos planteamos como meta esa felicidad de publicidad que tenemos que experimentar si o si en estas fiestas.

Pero qué pasa: ¿si nuestra familia no está unida? ¿Si hemos sufrido una pérdida irreparable? ¿Si vamos a pasar las fiestas solos? ¿Si el año ha sido tan malo que no tenemos ni un solo regalo para compartir? ¿Si apenas nos alcanza para un almuerzo sencillo? Y más allá de nuestra situación ¿qué hay de la situación de quienes nos rodean? como de aquellas personas que llegan del campo a pedir ropa, comida y regalos; entonces vemos cuadros de niños muy pobres viendo con verdadero asombro y antojo las vitrinas de tiendas con juguetes o la comida de los transeúntes; o la realidad de personas que tal vez están lejos pero que están viviendo verdaderos holocaustos como en la ciudad de Alepo, donde la guerra no sólo ha matado personas sino esperanzas e ilusiones.

Así con todo esto, ¿cómo podemos experimentar felicidad en esta época?  Por eso será que esta época del año, para mí gusto, es una de las más contradictorias, si bien es cierto que está llena de esperanza e ilusión por las fiestas,  no se puede negar tampoco que es la época en la que la pobreza y depresión de muchas personas resalta de sobremanera.

Aquí es donde les planteo reflexionar sobre el verdadero sentido de la felicidad, las grandes transnacionales nos han hecho creer, por los medios de comunicación y la publicidad especialmente, que este sentimiento sólo se lo puede alcanzar a través de cosas materiales, en especial en esta época con muchos regalos, pero en realidad ¿qué te puede hacer feliz en Navidad?

No les pido que olviden sus compromisos con sus seres queridos, yo misma no podría dejar de regalarle algo a mi hijo, pero sí les propongo, este año hacer algo diferente y tomando en cuenta las investigaciones científicas que afirman que se puede conseguir la felicidad a través de la experiencia de dar y compartir con los demás, no sólo compartiendo con nuestros seres queridos, sino con extraños que de verdad lo necesiten y hacer esto con verdadero amor. Pero ¿qué significa esto? Pues estudios realizados en la Universidad de Ámsterdam dan cuenta que las personas más satisfechas con sus vidas, es decir las que afirman ser más felices no se concentran en lo material sino en experiencias nuevas de vida. 

Basados en este estudio, porque no nos atrevemos este año a dejar experimentar a nuestro corazón la felicidad de construir un vínculo de amor desinteresado con otra persona dando y compartiendo, no importa si ése otro es cercano a nosotros o no. Animémonos a ser parte de las muchas campañas solidarias que organizan instituciones como “Calentando Corazones” o en la iglesia de su barrio, invitemos a comer a alguien que pasará solo estas fiestas; perdonemos a alguien que nos hizo daño, visitemos un enfermo o un adulto mayor que no tiene familia, regalemos a nuestros seres queridos tiempo y cariño, demos una nueva oportunidad a una mascota que está por ser sacrificada y adoptémosla. Les aseguro que cualquiera de estas experiencias puede cambiar absolutamente nuestro significado de felicidad en Navidad, pero si además logramos que esta generosidad de dar y compartir sea parte de nuestro día a día y podemos contagiarla a otros, podremos contribuir al bien común para construir una sociedad mejor.


Así lo único que me queda desear para esta Navidad es que el compartir con amor sea parte de nuestra felicidad no sólo en esta época sino como un estilo de vida durante todo el año.